Por Glauber García Lara:
La primera vez que percibí la fuerza real del fanático fue en 2011. Semifinal de la Serie de Oro. Cienfuegos enfrenta a Pinar en el 5 de Septiembre. Partido 1. Al entrar al estadio noté muchos vacíos en la grada y le dije a mi colega cienfueguera con absoluta certeza: «Están embarcados». O como dicen los gringos: «You are fucked».
Sé que aquí se habla de fútbol pero me da la gana de empezar con esto, así que creo ustedes también están jodíos, como decimos los cubanos. Tres días después ella vio como el Capitán San Luis se tragó a Pito Abreu, Yasiel Puig y compañía. Entonces me aseguró: «Ustedes se pasan, con la pelota se les va la mano». Al final de todo Pinar quedó campeón.
¿Cómo explicar entonces la pasión del hincha? Les voy a contar mi experiencia. Corría el verano de 1990 y en una cuasicaja rusa-sovietica que emitía señales en colores vi como Oman-Biyik levantaba sus brazos tras sepultar a una deplorable Argentina en San Siro. Yo tenía 10 de edad y entendía cero de fútbol. Esa fue mi iniciación. No lo sabría hasta mucho después pero aquel Camerún dictó mi futuro: iba a ser un eterno fan sufridor de la albiceleste. ¿Y saben qué? Me da igual lo que piensen porque de eso se trata.
20 años más tarde recuerdo aquel sábado en la noche cuando yo era el único en toda la ciudad con la camiseta del “Apache” tras la flagelación alemana. Ahí estaba yo con mi mejor amigo luciendo a mi lado su orgullosa chamarreta teutona mientras yo pagaba todo el ron que fuéramos capaces de bajar. Y créanme que ambos somos muy capaces. Siempre alguien trata de reconvertirme: «Brother, ¿por qué no te cambias de equipo? ¿No te cansas de sufrir?» Pobres. No tienen ni puta idea.
Escribo por la misma razón. Me aparté un tiempo, cansado de la poca paga con una década de teclas entre mis dedos; ahora lo hago otra vez aunque me paguen menos o nada. No soy masoquista aunque lo parezca. Tengo una mujer que me ama, una familia de guión y amigos de los de verdad, reales. Yo no doy me gusta. Doy besos, abrazos y apretones de manos. Sencillamente soy old school.
De donde vengo o hinchas por Argentina o por Brasil. Por Pinar o Industriales. No va eso de que si pierde este voy con el otro. O en este Mundial me gusta España y en el otro Bélgica. Detesto la prostitución del carácter y la indefinición de criterios. Ya lo dijo Sandoval: «El tipo puede cambiar de todo. De carro, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión».
De eso se trata esta columna. De mi pasión. No de la suya. Quedan advertidos.