Por Raúl Hernández Lima
Aún cuando podemos encontrar el más increíble consenso alrededor de un fenómeno, casi con seguridad aparece, cual controlador del balance interpretativo del mismo, una posición, más que distinta, pues, discrepante u opuesta.
El dualismo reduccionista sucede la cuestión para poner siempre a favor o en contra, al espectador (a-crítico). De este fenómeno no parece salvarse nadie. Por eso decido poner en ‘El Punto Central’ del debate, la reciente nominación de Pablo Elier Sánchez como DT de la selección cubana de fútbol.
Para intentar poner en contexto, no su asunción, sino sus posibilidades al frente de la absoluta nacional, mi estrategia es huir tanto de los hipercríticos de nuestro fútbol (y de casi todo los demás), como de los entusiastas ingenuos, anunciantes de la maravilla. Intento tornarme así en el tercero excluido, y en objetivos cimientos, alejados de mi amor por la selección y la sana empatía por Elier, levantar las paredes de mi análisis.
Leyendo sobre el tema por estos días, encontré un artículo donde se ponía en entredicho los posibles aportes del nuevo técnico. En él, se podía leer como tópico, la supuesta distancia del ‘Profe’ con los conceptos técnico-tácticos del fútbol moderno y sugería, como posibilidad lógica y maravillosa, la contratación de un extranjero para resolver los problemas del multitudinario deporte en Cuba.
Esa mirada, respetable en tanto criterio del ser humano, a mi juicio carece de fundamento en tanto propone, sólo la dirección del equipo, como limitante de los buenos resultados en la arena internacional.
Esta visión por otra parte no dista en cuanto a lógica del pensamiento, de aquella que supone el éxito total y absoluto de nuestra selección en lo adelante, cual si Elier fuera el mago Oz.
La mirada, entonces, debe ponerse sobre lo que tenemos y como lo organizamos. Habrá que reconocer las enormes carencias desde lo organizativo hasta lo logístico, no sólo de nuestro campeonato de primer nivel, sino de las condiciones de los seleccionados para su preparación, sus topes, su salario y todo en cuanto a recursos se refiere.
Es imposible creer que sin el apoyo obvio de la AFC, y digo obvio porque se supone que es su objeto social, se puede llegar más allá de la mera participación y hasta del ridículo. El mundo del fútbol es costoso, y aunque algún economista entusiasta pudiera molestarse con mi sentencia, no se puede hacer más con menos.
La inversión que demandan nuestros estadios, no sólo el Marrero por sede de los partidos internacionales, sino todos, es vital e indispensable si queremos desarrollo a largo plazo.
Luego aparecen las trabajas inexplicables e imposibles de atribuir a un fenómeno lógico, distanciado de la actividad paranormal. Nadie se explica como después de anunciar el paso adelante que suponía traer nuestros mejores futbolistas e incorporarlos al conjunto nacional, demos después diez pasos atrás y no sea posible que un cubano que siente su patria, no pueda representarla y para colmo, nadie explique si la demora responde a la ineficiencia a nivel burocrático o a la obsoleta moral del nacionalismo hermético.
Dicho esto, presumo necesario la inclusión de esos jugadores, reconocidos por todos con el mote de ‘Legionarios’. Pero hasta donde pudiera dar la escuadra, al mando de Elier, un salto de calidad, es impredecible.
Pablo es un hombre que gusta del fútbol asociativo y reconoce en el balance ataque-defensa, un vínculo con el resultado positivo. Pondera el manejo del balón y le atraen, los jugadores con talento y los defensores sólidos. Intenta controlar la batalla en el medio campo y saltar líneas con el balón en el pie y no volando sin dueño y sin propósito.
Por eso tal vez necesitará jugadores como Onel Hernández que se atreve y tiene gol, quizá un portero espigado y talentoso como Christian Joel le venga de maravillas bajo los tres palos o un lateral como Jorge Luis Corrales, ahijado futbolístico del mismo Elier, aporte el cambio cualitativo que todos esperamos.
La pregunta es hasta dónde llegamos, incluso con todos los elegibles por la única condición de cubanos, sin ser catatímicos. Ya no hablo de creernos o no que seremos campeones mundiales. Me refiero al área que nos toca. Si bien estoy seguro de que no volveremos a ver infames goleadas en contra, tampoco nos pasearemos en el área como nuestro nacionalismo muchas veces invoca.
Por citar dos ejemplos, observe usted cuántos jugadores de primerísimo nivel poseen selecciones como las de Estados Unidos y México. El área seguirá siendo difícil para los nuestros, si bien con condiciones podemos estar mejor en un futuro relativamente cercano.
El triunfalismo sin objetividad sólo conduce a la frustración y exacerba la percepción de la derrota. Debemos esperar con optimismo, pero también con humildad. Para que entonces, podamos disfrutar en su justa medida, las alegrías venideras, porque algo si les aseguro: una cosa es con guitarra y otra es con Elier.
Exelente artículo. Pablo Elier es un indiscutible punto a favor para la selección, pero no la solución a todos los males de la misma. Básicamente, se debe buscar que todos, absolutamente todos, los miembros de la plantilla sean futbolistas profesionales. Es decir, convocar a los denominados «legionarios» e insertar al resto de la plantilla en el fútbol profesional. Y ambos casos hablo de forma masiva. No es traer 2 o 3 legionarios para venderlos como símbolo de apertura. Es, cómo cualquier selección en una situación de normalidad, traer a todo el que tenga un nivel superior al que tenemos acá (si son 6 pues 6, si sin 10 pues 10) Igual, para la contratación de los que están acá, no hablamos de los mismos 5 ó 6 de siempre, no de TODOS los que formen parte de la convocatoria. Es cierto que no todos pueden jugar en Guatemala, hay niveles, algunos en Dominicana, otros en Nicaragua, otros en Panamá y dónde quiera que alcance el nivel. Pero para todo esto, legionarios y cintratos, se necesita voluntad de los directivos, algo de lo que han demostrado estar carentes.
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