Por Javier Arguelles
Niebla, un avión, una basílica, un equipo de fútbol inolvidable, Turín, una tragedia. Corría el año 1949, en el calcio y en toda Europa el Torino ganaba y gustaba con un estilo innovador. El granate contaba cinco scudettos consecutivos y una racha de 93 partidos invictos, cuando el avión que lo regresaba de Portugal no pudo esquivar a la Basílica della Superga.
Era el 4 de mayo y toda Italia amanecía con que el Grande Toro había desaparecido. Fallecieron todos los que iban a bordo del Fiat G.212 CP. Dieciocho jugadores, el cuerpo técnico y toda la tripulación perdieron la vida en el fatídico accidente. Al funeral asistió toda Italia. Durante el resto de la Liga los equipos que jugaban contra el Torino lo hicieron con sus juveniles. Para el Mundial de Brasil 1950 la azzurra viajó en barco, por el temor a otra tragedia. El nombre del piloto del Fiat G.212 CP era Pierlugi “Gigi” Meroni.
Una calle, un Fiat124, un crack, un fanático, Turín, una tragedia.
Corría el año 1967, casi dos décadas después de la Tragedia della Superga, el Torino había recuperado la sonrisa. Mucha de esa felicidad derivaba de su número siete, Luigi “Gigi” Meroni. Poeta, bohemio, el George Best italiano, prolijo en la cancha, excéntrico fuera. Regateaba todo lo que se pusiera por delante y paseaba a su mascota por las calles de Turín con una correa, era una gallina. Marcó una forma de vestir y andar dentro de la sociedad joven turinesa.
El 15 de octubre el Torino venció 4-2 a la Sampdoria, Meroni fue titular en la victoria. Uno de los jóvenes que disfrutó del triunfo desde la gradas del Olímpico de Turín fue Attilio Romero. Minutos más tardes el joven Romero conducía su Fiat124 por una de las calles aledañas al estadio, de repente una persona se cruzó en su camino, no lo pudo esquivar. El otro protagonista del accidente era Gigi Meroni. Falleció al instante. Romero le había quitado la vida a su ídolo. Se declaró culpable en el juicio, aunque finalmente resultó inculpado.
Treinta tres años después Attilio Romero, tras hacerse con una carrera en el mundo empresarial, se convirtió en el presidente del Torino. En pos de devolverle la gloria al equipo de sus amores gastó hasta lo que no tenía y lo llevó a una situación de bancarrota, obligándolo a tener que refundarse. Fue condenado a dos años y medio de prisión por malversación de fondos.
El Torino un grande de Italia marcado por la tragedia de dos Gigi Meroni y un Attilio Romero.