El arte y el fútbol

Por Alay Fuentes

Muchos de mis compañeros se preguntarán: ¿qué hace un historiador del arte escribiendo sobre fútbol? Los que me conocen mejor, expondrán: Alay es un fan irreversible del fútbol desde el Mundial de México 86, es normal que hable de estas cosas.

En fin, vengo de un municipio que respira rumba, béisbol y fútbol, donde un toque de tambor precedía un partido de fútbol provincial entre palaceños y su archirrival más enconado, los sancristobalenses, donde Carlos Torres -defensa central de nuestra selección nacional en aquellos maravillosos 80- marcaba férreamente a Eduardo Alonso (padre), para mí uno de los mejores sino el mejor jugador de este país en ese entonces.

Pero regresemos al inicio de esta conversación: ¿por qué alguien ligado a las artes escribe sobre fútbol? Sencillamente porque el fútbol es un arte y de creaciones sublimes está rodeado; las gambetas, los caños, los sombreros, los enigmáticos tiros libres -por mencionar algunos- hacen del soccer (terminología norteamericana) una creación impresionante y legítima, donde el primero en anotar no tiene porque vencer, y ya no es el deporte donde siempre ganan los alemanes en 90 minutos, al menos eso quiero pensar.

Señores, es el fútbol la máxima expresión artística de cada barrio, localidad, pueblo, país y continente, es un idioma universal, ligado a una afluencia cultural variopinta. Etnias, tribus, lenguajes, gestos, tauromaquia, rock, cumbia, ballenato, polska, Boccelli, Jagger, Noel Gallagher, The Beattles, Carlos I, Estefanía de Mónaco son pruebas más que concluyentes de lo anteriormente expresado.

La magia de Diego Maradona en las calurosas tardes aztecas, sirvió de embajador cultural para la visualización y aceptación del fútbol en tierras cubanas, una vez mas México servía de trampolín para la entrada en nuestro universo de un fenómeno cultural y social, esta vez se llamo fútbol, siglos atrás fue el cinematógrafo.

Los cubanos arropamos al fútbol, pero no exactamente como debiéramos, no lo asumimos como un elemento cultural de nuestra tierra, algo que no entiendo, ni entenderé pues el fútbol está casi desde el inicio de nuestro recorrido. Por la modernidad cultural cubana, muchos dirán que fue un deporte traído por los españoles, nuestros primeros colonizadores. Que no está incluido genéticamente en nuestro ADN, expresarán otros.

Y entonces me pregunto: ¿de dónde proviene nuestro deporte nacional, el béisbol? Y me respondo: tiene sus bases en el cricket británico, luego se establecieron un grupo de reglas redactadas e inventadas por los Estados Unidos de América, con terminología en inglés y sin embargo (como dice el gran Sabina) es nuestro deporte nacional.

Entiendo que estuvo ligado a nuestras luchas independentistas, como también lo estuvo el fútbol, lo garrulo del asunto es que los inventores del béisbol, pelota o gato viejo decidieron que este no fuese el deporte nacional en los Estados Unidos de América.


Pero el fútbol no necesita ser el deporte nacional de ninguna región, él conquista el universo cada cuatro años, en ese entonces nada interesa más que las batallas campales de 32 selecciones en busca de una estrella, en busca de la gloria que los llevará al Olimpo, al Valhalla, en busca de un universo cultural, artístico y social.

Vivamos el fútbol, no como el deporte que fue en sus inicios, sino como el fenómeno integrador de raíces y nacionalidades culturales que es hoy.

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