Héroes y cronopios

Por Zéner Caro

Madrugada de sábado. Tengo apenas unas horas para terminar la columna de lunes y un atasco mental descomunal. No quiero hablar del inicio de la Premier ni del mercado de fichajes. Como otras tantas veces, intento escurrirme entre las páginas de algún buen libro y entonces, la inspiración llega en forma de SMS alarmista “dice Bartomeu que hay que pensar en la era post-Messi”. Sé que la noticia es vieja, viejísima, pero el amigo que me la reenvía está al borde del colapso nervioso y como él, la mayoría de mis colegas de pasión blaugrana. Pero tranquilos todos, que este no es otro post sobre Lio.

Dice Kawabata en “El Maestro de Go”, que “en el mundo de los juegos de competencia, los espectadores no pueden evitar erigir héroes más allá de los reales poderes que tengan sus elegidos”. En las casi tres décadas que llevo enganchado al balón, en mi altar particular no han faltado los ídolos obvios y de moda. Aquellos a los que la inmensa mayoría de los “futboadictos” exigimos títulos y goles milagreros. Los que más camisetas venden. Los que pueblan las portadas y los afiches. Los mismos que hemos compartido casi todos. Pero reconozco que no ha sido con ellos con quienes más he disfrutado.

Soy un adorador de cronopios. Jugadores que, parafraseando a Cortázar, habitan en la memoria balompédica como dibujos fuera del margen, incalificables rompedores de esquemas y de moldes. Seres creativos y libres, alejados del postureo y la dictadura de la imagen. Tipos que casi nunca salen en las fotos de los goles, porque lo suyo es montar cámara y trípode para que otros se luzcan. Locos que, como Xavi, prefieren fallar un gol que un pase. Reverencio la elegancia de Francescoli, la sutileza de Pirlo, la constancia de Haghi, el liderazgo de Ceulemans, la frágil clarividencia de Guardiola. Ahora los llaman “playmakers”; en mi cabeza son simplemente magos.

A todos ellos, héroes y cronopios, les ha llegado el inevitable retiro y a no pocos, el olvido de la fanaticada más espuria. Algunos han regresado trasmutados en directores técnicos o en analistas deportivos. Y más temprano que tarde, quizás volvamos a ver sus apellidos en las camisetas de sus hijos. El fútbol los trasciende a todos. Y sí, amigo mío, hay vida después de Messi.

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