Aplausos

Por Eduardo Grenier

Nunca hubo más llantos, más risas, más vida esparcida entre el ambiente que en esos aplausos en Cornellá. No hubo nunca más sinceridad en aquella gente que se puso de pie y arrancó un sonido tremendo de sus palmas, un sonido con sentimiento. Porque fueron aplausos de nostalgias, pero también de impotencias, de saber que solo llegarían a conformar un homenaje, un recuerdo y nunca –esta palabra punzante abre muchas heridas-, nunca un atisbo de pasado.

Cornellá no falla. El juego importa poco cuando llega el minuto 21 y las televisiones, tan inflexibles con su estricta concepción del show futbolístico, apartan sus cámaras de la grama y la centran en aquel cartel colgando de la grada: “Eterno Capitán. Dani Jarque siempre con nosotros”. Pero esta vez la liturgia rompe sus esquemas y llegan aplausos en el 9, por José Antonio Reyes, y en el 16, por Antonio Puerta. Se ponen de pie pericos y sevillistas… hermanan su sentir, charlan y lloran a los que no están.

Pareciera como si entre la estruendosa ovación, viéramos el rostro de los que una vez nos hicieron soñar. ¿Cuánto le arrancó la muerte a la vida con estos tres? Será, acaso, uno de sus triunfos más crueles. Pero el fútbol tiene cosas muy suyas y en un campo de Barcelona podemos ver por un minuto alguna de aquellas bromas en el vestuario, un gol, un regaño, una declaración de amor, un viaje en familia, un quebranto… un vestigio de juventud. Pareciera como si los tuviésemos ahí, vestidos de corto, otra vez sonriendo en los rostros de las gentes… en las bufandas de aquellos equipos que amaban… y de aquellos aficionados que los amaban.

Porque mientras exista en el mundo un aficionado al Espanyol existirá Dani Jarque… y mientras existan el fútbol y la humanidad de los hombres la Perla Reyes y Puerta serán también motivo del bombeo acelerado del corazón de Cornellá… y vivirán en el lugar donde fueron más felices.

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