Iceman

Por Glauber García

Seré honesto. Sufrí a este tipo. Fue un 4 de julio. Argentina y Holanda definían los cuartos de final del mundial francés y el sol de la tarde arropaba todo el Velodrome. Partidazo. De poder a poder. De los que hacen época y se guardan en colección personal. La igualdad a un gol hacía justicia al juego, parejo a más no poder. Corría el minuto 89 y estoy seguro que las 55000 almas presentes en el estadio sintieron como alguien detuvo el tiempo, al menos por un segundo.

Tres toques al balón bastaron: control, orientación y definición. Tan simple como eso. El artista levantó los brazos y minutos después su gol estaba en todos los noticieros y diarios. En la sala de mi casa la legión argentina maldecía y yo solo asentí con la cabeza. A veces no hay otra cosa que hacer frente a la grandeza.

Dennis Nicolaas Maria Bergkamp es uno de mis héroes futbolísticos, lo tengo junto a Baggio formando esa dupla de dioses ignorados, por introvertidos, por alejarse del star system, por el resultadismo, por lo que sea, pero dioses al fin, jamás olvidados.

Ver al holandés sobre el césped era algo así como catar un Vega Silicia. Bergkamp no jugaba fútbol. Lo acariciaba. Smooth Player le llamarían hoy los ingleses. Delicatessen dirían otros. Para mi fue, es y será simplemente Iceman.

Administraba los esfuerzos, quizás por esa fobia a volar que lo obligaba a conducir miles de millas para estar con su Arsenal allá donde jugara. Nunca dominó por su físico pero era dueño del quizás mejor primer toque en la historia del juego. Rápido mentalmente en el área, marcaba más por anticipación y técnica que por potencia. El exterior de su botín derecho era una oda a la alegría pero su mayor virtud era la calma. Cold blood killer. Oh Dios mío. ¿Cuántos cadáveres en forma de defensas y arqueros esparció por toda Europa? Aún los veo impotentes en plan zombie con esa cara de sorpresa que te deja la muerte en forma de gol y regate.

Ayala lo sufrió en Francia, lo mismo que Paolo Montero en una Champions o el pobre Nikos Dabizas en la Premier. Para qué enumerar. No importaba escenario o rival, una vez el balón se acercaba a sus pies Dennis activaba el modo Iceman, el tiempo se detenía y…

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