JP y la cara B

Por Zéner Caro

Cuando era niño, mis padres tenían una impresionante colección de vinilos que de tarde en tarde escuchábamos en un tocadiscos Ilga, orgullo de la tecnología soviética.

Recuerdo vivamente la primera vez que me dejaron poner uno de sus discos en la terrorífica plataforma giratoria del aquel armatoste. Tendría unos seis o siete años y lo que más me impresionó no fue la música ni el chillido de la aguja mal colocada. Nada de eso. ¡Los discos tenían dos caras! La magia venía en duplicado, como los bombones del zoológico o los cupones de juguetes del Día de los Niños.

Con el tiempo descubrí que la mayoría de mis canciones favoritas estaban en las caras B. Y ese descubrimiento pudo haberme cambiado la vida, pues desde entonces me volví adicto a la ingeniería inversa, la lectura entre líneas, el pensamiento a contracorriente y las segundas jugadas.

El pasado sábado, mientras veía el segundo tiempo del Tottenham-Aston Villa, recordé los vinilos de mis padres.

La orquesta de Pochettino, digna subcampeona europea, desafinaba ruidosamente frente a su público. La apuesta por el voluntarioso Winks y el disonante Lamela producía notas bajas y dispersas y al gran tenor Harry se le apagaba la garganta entre las sordinas de las duras marcas de Mings, Engels y Hourihane.

Hasta que en el minuto 64, sonó la flauta. Un tipo pequeñito, con las iniciales JP en el chándal, se acercó a Poche y le hizo señas hacia el área de calentamiento. De allí salió corriendo el menos vikingo de los daneses. Dio vuelta al vinilo, colocó la cara B, sacó su batuta y convirtió los siguientes mil quinientos sesenta segundos en una sinfonía goleadora.

Infiero que la mayoría de nuestros lectores de 9,15 conocen a JP. A sus 47 años y tras casi una década siguiendo las aventuras del Sheriff de Murphy en el Español, el Southampton y los Spurs; Jesús se ha convertido en el arquetipo del segundo entrenador. Analista consumado, experto en técnicas de entrenamiento, comunicador convincente y figura clave en la relación de Poche con los estamentos del club londinense; Pérez es la cara B de Mauricio, su alter ego, su otro yo.

Lejos queda ya la época en que los segundos eran meras figuras de decorado, ventrílocuos acríticos de la santa voluntad de sus jefes o ilusos pueblerinos a la espera de su oportunidad para regir la Ínsula Barataria. Cada vez son menos los Karankas y más los JP, Lijnders, Krawiets, Arteta, Moreno, Cousillas y Burgos.

Triunfan los que se atreven a ser más que sombras. Los que estudian y hacen del scouting y el análisis de los rivales una herramienta al servicio de los goles y el buen fútbol. A ellos volveremos en Segunda Jugada. De momento, cara B y por favor, que no pare la música.

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