Por Alay Fuentes
Con el devenir de la modernidad, el lanzamiento de los penales ha experimentado disímiles cambios que van desde la forma de ejecución hasta su visualización en los hogares europeos de la década del 50, con la llegada de la televisión; no sin antes hacer mención especial a la radio que jugó un papel súper importantísimo en la universalización del fútbol.
Pero sin dudas el tiro penal se convirtió en una temática digna de ser narrada, sus vicisitudes, sus aciertos, sus fallos, las apuestas, la angustia, y las emociones.
Existen diversos tipos de penales en la extensa historia futbolística. En este apartado quiero hacer alusión a algunos. En primer lugar está el ritual, si no recordemos el penal que chutó el mejor chileno de todos los tiempos Leonel Sánchez al gran Lev Yashin la noche del 16 de Diciembre de 1964, el cual colocó por donde esperaba la Araña Negra, por donde mismo le señaló Leonel.
También están los penales bullados, como el errado por Carlos Caszely en el Mundial de España 82 (vale referir que este Mundial es la muestra más digna del arte ligado al deporte, incluso el gran Joan Miró hizo todos los carteles promocionales de este evento) que pasó de ser un asunto de desconcierto nacional por parte de la hinchada chilena hasta las muestras más injustas de odio y amenazas hacia las hijas del jugador.
Están los penales patéticos como el transformado por Platini en el estadio de Heysel de Bruselas el 29 de Mayo de 1985, en un partido que ya sumaba 41 muertos y 257 heridos en el público antes de su comienzo. Platini solo comentó: «Este es el penal más triste y patético de mi vida”.
Finalmente existen los penales de última hora, como el cobrado en 1980 en Bagdad a favor de los visitantes, en un partido entre Irak y Kuwait. Ganó Kuwait 3 a 2, finalizó el encuentro y el público se lanzó a la cancha y golpeó desaforadamente al referee. Muchos combos de golpes y patadas dieron en el blanco, al árbitro hubo que sacarlo en camilla, la policía no hizo ni el más mínimo intento de impedir esto, dijeron que el orgullo nacional estaba por encima de cualquier consideración.
Ya en el hotel y aparentemente a salvo, el árbitro del encuentro de marras, fue visitado por civiles no identificados que lo acusaron de haber sido sobornado por los nativos de Kuwait. Allí le volvieron a propinar otra paliza descomunal, incluyendo un disparo a quemarropa que por casualidad, solo por casualidad, no impactó en el pobre hombre. Los dirigentes del fútbol iraquí llegaron más tarde al hotel donde obligaron bajo amenaza de tortura a nuestro vapuleado árbitro a firmar una confesión donde decía que se había equivocado en sancionar el penal.
Ufff cosas del fútbol, incidencias del tiro penal, y no será la última vez que escuchemos innegables relatos sobre el tema, porque como siempre digo, eso será para el próximo capítulo…