El beso al escudo

Por Magol Valdés

Como si se tratase del ingreso de Hannibal Lecter a una cárcel de alta seguridad, o el de Will Hunting a una escuela especial para chicos con problemas de conducta, Florentino Pérez y Josep María Bartomeu han ido allanando a conveniencia el camino de Neymar destino Bernabéu y Camp Nou respectivamente.

Pienso en ambos presidentes y más que a unos señores de corbata con el móvil pegado a la oreja esperando noticias del fichaje, me vienen a la cabeza los clásicos oficiales carcelarios de las pelis -con walkies y bastones gritando durante el operativo- eliminando rutas de escape y evitando a toda costa la posible fuga -en pleno traslado- de un reo peligroso al cual pretenden reclutar con éxito hacia sus correspondientes penitenciarías.

Tanto en Madrid como en Barcelona al parecer están listos a la espera de una decisión que a todas luces se ha dilatado intencionalmente, como si los implicados estuvieran confabulados para forrarse con este vulgar bodrio televisivo. El mismo me recuerda en ocasiones a mi abuela, quien creía en el buenismo y el malismo de los personajes de telenovelas, hasta que comenzaron sus problemas de visión. «Pobrecito Ney, maldito el PSG y su cárcel de oro», diría con lástima y rabia a la vez. En cualquier caso, sospecho que el brasileño -con el cuento del huérfano maltratado al que se le agota el tiempo para ser acogido por una familia de adopción- engañaría fácilmente a muchos, no solo a una viejita con achaques evidentes de la edad.

Además de la Juventus de Agnelli como posible parentela de alcurnia en el destino de Neymar, los más obsesionados con sacar al paulista de su orfanato -Floren y Barto- parecen entender el fútbol muy al estilo Marvel: una relación directa entre poderes individuales y victoria final. Para ellos este deporte se resume en coleccionar cromos, tiras de cómics, historietas, jarras o edredones con los dibujos de un superhéroe vengador. Ahora mismo no se aprecia una inclinación por parte de ninguno hacia ideas o estilos grupales de trabajo, sus conceptos respecto al colectivismo son los de un niño jugando al FIFA. Lo curioso del relato es que desde Barcelona siempre se criticaron estas prácticas galácticas, y ahora resulta que hasta Messi le pide a Bartomeu que haga un Florentino y fiche a su amigo Ney.

Si el nacido en Mogi das Cruzes termina vistiendo de azulgrana a cuadros, seguramente veamos escenas de auténtica pasión en las fotos de los goles. No queda claro en qué lugar del encuadre saldrá Griezmann -ni mucho menos si la G será adicionada a la MSN del alfabeto culé- pero es muy probable que el francés sea aceptado si le pasa la pelota siempre a Leo y continúa insistiendo en su admiración por el mate. Si por el contrario Neymar acaba de merengue, comprobaremos si Florentino logró sacar un máster de domador de leones luego del galacticidio y la rabieta de Cristiano. No me imagino a Ramos y Ney cantando villancicos y compartiendo como hermanos una tarta navideña. Podría ser como dice Sia en su canción: «Flame you came to me, fire meet gasoline».

Lo peor de todo el embrollo es que nadie parece inmutarse ante el hecho de que a Neymar le de lo mismo una orilla que otra. Católico o protestante. Demócrata o republicano. Rockero o salsero. Quizás estemos definitivamente en la era de los principios desechables. A estas alturas el brasileño contempla las mismas opciones de dedicar un corte de mangas al Fondo Sur como Luis Enrique, que de mandar a callar al Camp Nou como Raúl.

En lugar de dejar el romanticismo y tirar a la basura los discos de Alejandro y Serrat, mejor me pongo un poco malicioso y rezo para que Ney llegue por fin al Madrid. Daría mi vida solo por apreciar ese momento -durante la presentación- en el cual el Bernabéu le pide que bese el escudo, y el paulista -como todos- acepta.

Y de paso, si tal cosa fuera posible, buscaría allá arriba a Juanito Maravilla para ver cómo reaccionaría el malagueño a la escenita.

Deja un comentario