Por Zéner Caro
Acabo de despertar de un sueño raro: me perseguía una lista. Hermosa y rotunda, como modelo renacentista. Sensual y coqueta, con numeritos seriados y promesas de publicidad. Pero también aterradora, como aquella que te podía privar de un viernes de pase en la beca. Una mezcla de Venus e Hidra. Pero eso sí, con brillo, con muuuucho brillo.
Intenté escapar al mejor estilo Forrest, pero mis habilidades físicas son más limitadas que el vocabulario de un “durako”. Así que terminó atrapándome en sus folios. De nada valió mi resistencia samsaniana. En pleno 2019 no hay espartano que sobreviva a la tentación de las enumeraciones vanas.
Así que aquí les va, fieles lectores de los lunes, mi propia lista. Este es, desde mi insomnio beodo, un inventario de actitudes que le sugiero mantener si su objetivo en la vida es no disfrutar en lo absoluto del fútbol más puro.
1. Sumérjase en la “temporada de los premios”. Individuales, colectivos y políglotas. The Best, Ballon d’Or, World Soccer, UEFA Player of the Year. Sienta la pasión de horas y horas de debates televisivos, broncas entre hordas fanboyeras y posts acalorados en la webs más carnavalescas. Para cuando termine esa orgía de egos y lentejuelas, las distinciones habrán ido a parar a los mismos de siempre y usted, querido amigo, probablemente no entienda por qué el Sheffield permite menos goles que el Chelsea o cómo Kovacs encajó a Coutinho en el esquema de su Bayern.
2. Viva pendiente de las encuestas. Marque con crucecitas, con palomitas, con emoticones. Vote por el mejor jugador, por el mejor gol, por el uniforme más bonito o por el día exacto en que Alexis Sánchez volverá a marcar. Mientras más dicotómicas las preguntas, mejor. Alégrese de haber acertado y eche en cara a sus amigos su capacidad oracular. Y no se preocupe por la falta de acierto de su delantero favorito o por el atasco en el mediocentro del Barcelona. Esas nimiedades se resolverán con otra encuesta que usted también podrá llenar.
3. Escuche o lea con atención a la profusión de analistas y profetas del fútbol moderno que repiten hasta el cansancio las mismas frases. Empáchese de lugares comunes. Diga “defensas rocosas” y “mediocampistas con oficio”. Suelte con pompa que “2 a 0 es el peor resultado” y que “dos cabezazos en el área es gol”. Reine entre sus adláteres futboleros. Al final, casi nadie se dará cuenta de que su nivel de comprensión del juego es tan amplio como el campo visual de un topo.
4. Cuélguese de la señal HD de su cajita decodificadora. El fútbol es eso: imágenes de alta calidad del Barcelona y el Real Madrid. El resto del mundo va en señal analógica y en diferido después del beisbol. Y vea de vez en cuando un juego de la CRuventus de Turín, para que nadie le haga un cuento de “la bestia”. La Bundesliga se juega muy temprano, la Premier es para vejetes aburridos y en el resto del mundo no se juega fútbol sino otra cosa con 22 tipos que corren detrás de una pelota. Para conocer jugadores serbios, daneses o guineanos están los Mundiales cada cuatro años.
¿Qué les ha parecido? ¿Me pondrán desde hoy en su lista de columnas que no volverán a leer?