Por Glauber García Lara
Uno de mis hobbies favoritos es abrir Youtube de vez en vez y revivir con placer esas jugadas de 10. No goles ni compilaciones de trallazos rompearcos. De esos hay miles. Me fascina ver los perfectos trazos rasantes del Pibe Valderrama, la engañosa lentitud de Sócrates, la elegancia de Zidane o la magia de Laudrup. Lo confieso. Soy fan de una raza en extinción.
Le venía dando vueltas a la idea hace varios días y terminó convenciéndome la última crónica de Alejandro en su columna A balón parado sobre el debut de Dani Ceballos en el Arsenal. En el fútbol actual la figura del mediapunta, mediocampista creativo, enganche o trequartista es cada vez más una anécdota, una historia del pasado.
Creo que el ultimo gran referente de la posición fue Juan Román Riquelme, quizás Ozil. Era Román un tipo que reunía varias de las características clásicas del repertorio mediapuntista: técnica, talento superior, lectura del juego, creatividad, aunque también poseía una personalidad fuerte, reacio a las críticas, no era propenso al sacrificio defensivo y por momentos intermitente, como esperando ese instante de inspiración; en fin, un genio.
Para que se entienda un poco mejor. El 10 clásico es una cosa y los volantes ofensivos otra. Todos los mediapuntas son volantes ofensivos pero no todos los volantes ofensivos son mediapuntas. Cuando se hablaba del 10 casi siempre se referían al mejor jugador, a la estrella sobre la cual giraba el equipo. Era por si solo la zona de influencia y ponía a jugar al resto. De ahí que por ejemplo un crack como Figo no entre en esta definición pues era un extremo puro.
Esa virtud casi innata del enganche para entender que necesitaba el juego en cada momento, junto a su calidad y talento, hizo que la posición viviera sus años de esplendor en las dos últimas décadas del siglo pasado, y de ahí recordamos esos nombres de arriba, junto a otros no menos grandes como Platini, Scifo, Maradona, Hagi, Francescoli, Mágico Gonzalez, o los más recientes Rui Costa, Rivaldo, Valerón, Okocha, De la Peña, Rosicky y Ronaldinho Gaúcho.
Noten que casi todos estos monstruos jugaban libres, deambulaban por zona de nadie, amparados casi siempre por un doble pivote defensivo en el medio campo que vivía para destruir y entregarles la pelota, que una vez en sus pies, se sentía amada. Esta fue su marca registrada y también su certificado de defunción.
Entrando en el siglo XXI los entrenadores eran cada vez más reacios a dejar un jugador libre en la pizarra táctica, el aspecto físico del futbol crecía por años y el 10, ese especialista mimado, comenzó a desaparecer paulatinamente.
Cada vez la exigencia fue mayor, no bastaba con marcar goles, repartir asistencias o inventarse regates de portada, también resultó mandatorio apoyar en la defensa, presionar en todos los sectores, mantener el rigor táctico con y sin la pelota. Al final no había muchas opciones: había que adaptarse y totalizar su juego o tirarse a banda. Y ahí llegamos entonces al futbol actual.
Muchos pudieran confundir a Xavi o Iniesta con un mediapunta, pero no lo son, ambos abarcaron mas zonas del campo que un volante creativo del pasado, ya sea en el centro o en la banda, siempre ejerciendo presión sin balón.
Algo similar ocurrió con Ballack, cada vez más retrasado al final de su carrera. Kaká tuvo que escorarse, Nedved lo mismo, incluso el Ronaldinho del Barca también se acerco a la línea. Otros ajustaron su hábitat y se colocaron como extremos a pierna cambiada o segundos delanteros. En esa lista podemos incluir a Totti, Hazard, Ribery, Sneijder, David Silva, Robben, Griezzman, James o Neymar.
La muerte del mediapunta, o su evolución a un espectro más completo, como quieran verlo, no es más que la respuesta obvia al desarrollo del deporte. Hoy simplemente se corre más y mas rápido, hay una velocidad extra y no hay muchas oportunidades para los especialistas.
No obstante me encantaría ver un partido que enfrente a los Dybalas, Mounts y Joaos Félix de hoy contra los Mbappés, Sterlings y Sanés de turno. En mi sueño particular los primeros le dirán a los segundos: Corran, lleguen, anoten, hagan lo que quieran, pero por favor, give me the fucking ball, y prepárense a disfrutar.