A BALÓN PARADO
Columna de Alejandro Céspedes Morejón
El fútbol es como la vida, golpeas bien la pelota y no siempre es gol.
Mi amigo Emilio Alfaya me contó que uno de los momentos más lindos en la vida de varios de sus amigos en su natal Miranda de Ebro, fue cuando Pablo, el primo de uno de ellos, les compró entradas para verlo jugar con el equipo del pueblo en la semifinal de Copa del Rey en el 2012.
Por lo que me contó, este filántropo burgalés tenia indentidad de superhéroe: guardia de un banco por el día y en la noche se colocaba el disfraz de futbolista, que lo hacia parecerse al mejor Ivan De La Peña, y se transformaba en El Capitán del Club Deportivo Mirandés.
Ese año bisiesto de supuetas profecias devastadoras, Miranda de Ebro fue Hawking; cosas extrañas pasaban en el Estadio Municipal de Anduva. A través de esos reportes de «televisoras de habla hispana en la televisión cubana», veíamos como un equipo pueblerino de Segunda B tumbaba del torneo de Su Majestad a nobles de primera como Villarreal, Racing de Santander y Espanyol.
El mundo que conocemos estaba al revés.
Pablo Infante fue el líder de ese matagigantes que cayó ante el Athletic de Bilbao con el honor del Cid Campeador. El suceso parecía cosa de leyendas. No pensé que en este siglo pudiera volver a ver algo similar hasta que aparecio otro unicornio, este vestido de azul, para triunfar en la Premier League Inglesa. El Leicester City.
Y es que en el siglo pasado estas historias eran comunes.
Ver al Ajax y al Notthingham Forest ganando La Champions, al Blackburn Rovers, la Sampdoria y el Kaiserslautern venciendo en sus ligas, era muy probable porque el nivel competitivo era elevado en los torneos domésticos e internacionales. Imagínense que fueron 14 años sin ganar para el Real Madrid en Riazor.
Pero el futbolista belga Jean-Marc Bosman, sin imaginar las consecuencias de sus actos, conjuró una demanda de trabajo en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea que llevó a cambiar los estatutos del fútbol en la Unión, y con ello abrió la brecha entre ricos y pobres cuando su demanda se hizo ley el mismo día que nacía el Euro: El 15 de diciembre de 1995.
Antes de la Ley Bosman solo podian jugar 3 extranjeros en los equipos de la Comunidad en el viejo continente. Asi que los más poderosos no podían atrapar con sus «tentáculos denarius» todo el talento futbolero que existía en la Zona Común y allen de los mares donde antes colonizaron.
¿Que sería del poderío que han tenido en estos tiempos Real Madrid, PSG, los equipos de Manchester, Bayer München y Juventus, si todo fuera como antes?
Ley Bosman: Ojalá pase algo que te borre de pronto. Puede que así las ganacias de los derechos televisivos estén mejor repartidas; por primera vez la promiscuidad sería bien vista, pues te ilucionarías con cualquier equipo porque tendría una estrella, jugaría mejor y sus mayores posibilidades de ganar engendrarían las más lindas pasiones; y Pablo Infante no tendría dos trabajos, su Mirandés podría jugar en primera y quién sabe si luchar una plaza de Champions con el Eibar.
Pero ahora creo que solo soy un animal utópico. Veo como la ley del mercado se convierte en religión y termina convenciendo a los aficionados de que los poderosos son los únicos que pueden ganar y los otros solo soñar. Siento que nos roban lindos momentos de disfrutar un mejor fútbol y es la única vez que creo que tiempo pasado era mejor.
Hoy los fanáticos son ordas drogadas con goles y luces y los románticos del más universal de los deportes vamos quedando como aisladas manadas de unicornios.