BALÓN DIVIDIDO
Columna de Javier Arguelles
La diferencia entre el triunfo y el fracaso depende más de lo que queremos creer de los goles marcados o no marcados en los que la suerte es el factor determinante.
En el mundo del fútbol el resultado es irrebatible. Por eso exaltamos a los que ganan, y a la primera que pierdan los desterramos al olvido. Vencer un partido, una eliminatoria, incluso un torneo, puede ser la consecuencia de detalles que rompieron a tú favor o momentos de forma puntuales. No siempre ganan los mejores equipos.
Ejemplos hay de sobra. El Chelsea del 2012 o la Grecia del 2004. No les quito mérito, pero sus éxitos fueron hijos de circunstancias, no de sus proyectos. Para mí, más importante que ganar puntualmente, es sembrar una idea, dejar algo para el después. Algo sobre lo que puedan trabajar y construir los que vienen detrás.
Los más difícil en el mundo del fútbol es edificar una identidad, una manera de hacer, pero sí lo consigues perdurará para toda la vida. Porque la identidad son esos lugares, conceptos a los que te aferras cuando todo va mal. Es ese lugar a donde regresas cuando reseteas un proyecto.
Bielsa, Michels, Cruyff son algunos de esos genios que serán recordados más que por ganar, por legar. ¿Cómo calculamos la cantidad de títulos que las ideas de estos tres han aportado a diferentes clubes y selecciones? ¿Cómo cuantificamos objetivamente la importancia de las escuelas que construyeron? ¿Cuántos entrenadores han comenzado a construir su historia cimentándola en sus ideas? ¿Cuántos equipos han crecido utilizando sus métodos?
Los éxitos son más sencillos alcanzarlos y repetirlos a través de una idea, un método, un estilo, un legado. Lo más valioso que hay no es ganar, es crear, sembrar una idea.
Por eso digo ganar puede cualquiera, legar solo los genios.