The last chapter

EL FÚTBOL Y YO

La columna de Alay Fuentes

«Mucha gente dice que el fútbol no tiene nada que ver con la vida, no sé cuánto saben de la vida, pero de fútbol, ¡no saben nada!» (Ángel Di María)

Con este capítulo ponemos fin a la saga sobre el penalti y su influencia en el mundo futbolístico actual. Mucho cambió el juego desde la aparición del penal. El fútbol se convirtió en una práctica tan universal y sociocultural que es muy difícil en este universo moderno referirse a cualquier fenómeno político, social o económico donde no aparezca el fútbol y sus afluentes. El gran Vicente Verdù avizoró en su libro «El fútbol, mitos, ritos y símbolos» lo siguiente: “El penal es un fusilamiento, una violación, una condena a muerte…”

Y ha sido así desde que tengo conciencia sobre el fenómeno fútbol. Mi momento más traumático: el penal pitado por Edgard Codesal en contra de Argentina en la final del Mundial del 90 en Italia, un robo colosal que rima adecuadamente con el apellido del árbitro del partido. O el pitado a favor de Francesco Totti en su partido contra Australia en el 2006, un piscinazo auténtico y a casi dos cuadras del área grande. Podríamos estar varios días enumerando, mencionando y editando penales injustos o penales no sancionados, pero desde su invención, la pena máxima se ha convertido en una Odisea al puro estilo griego.

Sófocles y sus amigos Sofistas intentarían reescribir a Edipo y rogarle a la gran bruja Circe que no cobrase un penal en los minutos de descuento de un partido, lástima que muchos referees hagan caso omiso a las máximas universales. O si no pregúntenle al árbitro brasileño Resende que pitó un controvertido penal en la semifinal de la Copa Libertadores a favor del Olimpia de Asunción paraguayo en La Bombonera versus Boca. Dios, ¡que locura! Pero esto, señores, es fútbol, y el fútbol es como la vida: unas veces te da y otro tanto te quita.

Es tan grande el embrujo de este fenómeno denominado penal que muchos teólogos consideran que la fe religiosa de los humanos y su concepto de Dios, puede verse expuesta a un enérgico proceso de revisión cada vez que algunos de sus equipos pierden a raíz de una pena máxima señalada en su contra. El ritual de los 12 pasos cobró vida propia desde su invención. Como un Frankenstein del fútbol, esta creación eterna arrastra tras sí conflictos de orden mercantil y formativo que a fin de cuentas no pueden ser soslayados. Grandes compañías, marcas de cervezas, cosméticos, televisoras, emporios, la bolsa o academias formativas, conforman un comunidad que se alimenta, vive y respira gracias al fenómeno de los 12 pasos.

Es la pena máxima un elemento tan importante dentro del más universal, que no sería nada extraño vernos invadidos en algún momento de la historia futura por ligas dedicadas al culto de un nuevo deporte: “El Tiro Penal”, dejando en segundo plano y relegando al cosmos amateur el ejercicio del fútbol. ¿No lo creen así?

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