El viejo y las espadas.

SEGUNDA JUGADA
La columna de Zéner Caro

«Escribiendo, iba a hacer con las manos lo que nunca había sido capaz de hacer con los pies: chambón irremediable, vergüenza de las canchas, yo no tenía más remedio que pedir a las palabras lo que la pelota, tan deseada, me había negado.» (Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra).

La primera vez que escuché hablar a Chris Wilder pensé en las novelas de Hemingway.En uno de esos personajes atormentados que lucha por volver al reducto primario de la felicidad, aunque en ello le vayan la vida y las canas. En Harry Street y su agonía a la sombra del Kilimanjaro. Y también en Santiago, confesando que tal vez no debería ser pescador, pero había nacido para eso.

Claro que, de momento, Chris es un hombre feliz. Hace tres años que ha vuelto a casa. A Bramall Lane donde recogió pelotas siendo un niño. Al Sheffield United en el que se rompió las piernas por más de una década.

El antiguo lateral derecho es ahora el DT de un club de ciento treinta años, protagonista de gestas y dislates antológicos. Una institución orgullosa de haber ganado todas las categorías del fútbol inglés. Pero también abocada a sonoros fracasos, como aquella tarde infausta de 1977 en que prefirieron fichar a Sabella en lugar de a un tal Diego Armando Maradona por el que se pedía apenas un millón de dólares.

Chris es también, según cierto sector de la prensa que comulga con el “Pepxit”, un tipo innovador. Y sí, quizás lo sea, pero no por sus esquemas tácticos, sino por la osadía implícita en su filosofía de juego. “Cuando haces algo muy bien, por sencillo que sea, funciona”.

Su propuesta futbolística supone la vuelta a la simpleza primigenia del deporte en tiempos de enrevesados algoritmos matemáticos y de técnicos que hablan con ilegible lenguaje enciclopédico. Y para más inri, la sostiene con la más británica de las plantillas de la Premier, algo que en las islas todos celebran con alborotado sentido patrio.

Sobre el terreno, Wilder dispone sus espadas en un 3-5-2 flexible, que se transforma en 3-4-1-2 y 5-3-2 según la entidad del rival. Tres defensas centrales duros y eficaces en el juego aéreo, dos carrileros abiertos, dos interiores para destruir y recuperar, un enganche clásico y dos delanteros potentes. La mecánica es simple: recuperar, abrir a las bandas, centrar al área y que un ariete la empuje.

La “novedad” táctica radica en los intercambios posicionales, algo tan viejo y subestimado como los Ladas soviéticos. Es habitual que cuando tienen el balón, los centrales exteriores se desplacen a las bandas para hacer de laterales y que los carrileros se muevan hacia el centro doblando a los interiores. Esos movimientos generan casi siempre superioridad en la medular, lo que resulta vital para un equipo con muchas limitaciones en los repliegues defensivos.

La espada más afilada a disposición de Wilder es la de Oliver Norwood, un canterano del Manchester United al que la gloria se le ha resistido hasta los 28 años. Admirador confeso del colorado Scholes, el mediocampista norirlandés es el metrónomo de los rojiblancos. Su manejo de los tempos y su capacidad de desdoblamiento y sacrificio, lo convierten ahora mismo en una de las más gratas sorpresas de la temporada.

Pero no nos creemos demasiadas expectativas. A los Blades les espera un infierno desde ahora hasta mayo. Mas no se aflijan, la esencia de Chris es inamovible. Sueñen que están ahora mismo en Bramall Lane. Cómprense un Greasy Chip Butty, apriétense con sus amigos en el Kop Stand y griten como posesos cada gol de Billy Sharp. Piense que al final de la temporada, como a Santiago, quizás los tiburones no le hayan dejado más que el espinazo de su sueño.

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