EL HINCHA
La columna de Glauber García Lara
Soy un tipo que aprendió a leer y escribir en Cuba post 1959, con todo lo que eso conlleva. Cansado de perder el tiempo y la vida me mudé a USA. No represento a nadie. Solo a mí. Puedo vivir con Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, pero lo que de verdad me lleva es mirar a alguien de frente y hablar por horas. De cualquier cosa….
Al pelú, el Figi, Sergio y muchos más
Imaginen que su mejor amigo parece que nació en las riberas del Rin, se bebe los discos de Kreator y Helloween a la misma velocidad que baja un Havana Club Reserva, y para colmo, a veces le da por filosofar. Kant, Shopenhauer, Nietzsche y Freud conversan con nosotros a ritmo de heavy metal. Así, cada diciembre previo a la Copa del Mundo, diseccionamos el fixture del torneo y con la complicidad que tienen aquellos que compartieron cientos de batallas etílicas nos retamos a duelo. En cuartos, en semis, en la final. Ahí nos encontramos.
Némesis, bestia negra, verdugo, derrota, fin. Garra, orden, eficiencia, competitividad, teamwork, triunfo, respeto, legado. Todo eso representa Alemania para mí. Más que Brasil, Italia, Uruguay, Francia, España o cualquier otra selección, si andamos en tiempo de Mundial veo cada partido teutón con interés casi científico. Sé que para alcanzar la gloria el camino pasa por ellos. De una forma u otra. Casi siempre.
¿Qué papel interpreta Alemania en el escenario fútbol? Para mí es el antagonista perfecto. El villano a derrotar. Crucial en el desenlace de la obra. Inevitable. Solo que como dijo Lineker el final feliz muchas veces va para su lado. Su saga de cuatro estrellas es épica cuando menos. “El Milagro de Berna” ante los magiares mágicos de Puskas y Kocsis. La remontada contra “La Naranja Mecanica” de Cruyff y Neeskens. Par de estocadas casi sobre la bocina a las Argentinas de Maradona y Messi. El escaparate de víctimas ilustres es inigualable.
En esta obra jamás contaron con el protagonista favorito de turno, su mejor actor es un libero de nombre Franz, claro que tuvieron figuras excelsas: Rahm y Walter, Mueller y Breitner, Lothar y Klinsman, Bastian y Klose, enormes todos, pero con menos cartel que sus rivales. ¿Cómo explicar entonces su éxito? Simple. Porque es Die Mannschaft. Solo existe una verdad en el fútbol. Es un deporte de equipo y nadie lo interpreta mejor que los nacidos en el Reino de Prusia.
Olviden formaciones y esquemas. Mi sensación es que Alemania siempre juega igual. Porteros fiables, defensa sólida, mediocampo sacrificado y físico junto a delanteros potentes y resolutivos. Todos juntos. Sobran los lujos. No importa salir por detrás en el marcador. Solo interesa ganar y hay 90 minutos para lograrlo. A veces más.
Quizás otros tengan el talento de Brando o la intensidad de Pacino. Ellos cuentan con la paciencia del relojero, la perseverancia del que moldea la piedra, el vigor del forjador y el coraje del guerrero. Con esas herramientas unen fuerzas y salen al campo. Saben trabajar la victoria. ¿Cuántos sueños de héroes han roto? ¿Cuántos más caerán ante ese enemigo ilustre y poderoso que te aniquila sin piedad? ¿Cuántas veces veremos emerger triunfador al rival implacable?
Una vez leí que la Copa del Mundo sin Alemania era como La Guerra de las Galaxias sin Darth Vader. La frase me golpeó de lleno, como aquellos tragos de Havana Club Reserva a ritmo de heavy metal que mi amigo casi alemán y yo compartíamos mientras nos retábamos a duelo.
Yo conosco a tu amigo casi alemán… jajaja Seguro se sentira orgullo y reirá al leer esto
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