Jamás, era siempre

EL PUNTO CENTRAL
La columna de Raul Hernandez Lima

Se vive mejor cuando el cuero rueda dentro de las líneas. Dicen que hay vida más allá, pero no es vida. La maravilla es redonda y es blanca……

Mezclar el fútbol y la filosofía es tan deliciosamente impopular como la buena ópera. Intentar explicar las cosas del balón con argumentos de la semántica, quizá te apegue más a los eruditos que a los amantes de los goles y las gambetas.

Sin embargo, mi desvarío está más cerca del empate este sábado entre el Barça y el Osasuna, que de las geniales doctrinas de los pensadores griegos, tienen más que ver las tres, diez, mil declaraciones acerca del estilo invadiendo donde quiera, que el estricto apego al diccionario de la RAE.

Hubo épocas gloriosas y otras no tanto del fútbol y la vida, muchas veces tan detestables como necesarias. El balón siempre, de alguna manera, se coló entre las representaciones mentales cuando se trató de la pasión y el goce, incluso antes de Guardiola (si me es permitida una pizca de sarcasmo).

Utilizo el adverbio ‘siempre’ con toda intención para resaltar que una vez ‘jamás’ fue siempre. No me estoy volviendo loco. Si retornamos hasta el latín, podemos saber que se decía iam magis (literalmente ‘ya más’) para decir siempre. El uso reiterativo y enfático de semper y nunquam (‘siempre’ y ‘nunca’), acabó convirtiéndolos en sinónimos.

-¿Y qué rayos tiene esto que ver con el fútbol?- preguntaran tal vez los que leen el didáctico y trivial recuento semántico. Pues mucho. Si les cuento que el fútbol, como todos los deportes, tiene como esencia el desarrollo de las capacidades humanas, sumado a la competencia leal y honorable, cualquiera puede entender que; además de los valores, se trata de competir.

Quizá ningún tutor de las doctrinas populistas y entusiastas de que esto se trata de jugar de determinada forma y no de ganar o perder, estará de acuerdo que en los deportes, los que participan y los que compiten, no gozan, por antonomasia, de igual estatus.

Eso pasó con quienes cambiaron el sentido de jamás (entiéndase iam magis). Desvirtuar el hecho en sí lo transforma. Quizá mañana se trate de tener la posesión y no meterte detrás con el Fuentealvilla o el Badajoz ante el Barça, pero todavía hoy consiste meter un gol más que el rival. Probablemente mi descaro y mi evidente apego al realismo sucio, desguste a quienes creen que Guardiola figura entre los mejores directores de la historia de este deporte, por la magnífica exhibición y la calidad visual de su fútbol, sin que medien sextetes y champions.

Esos, con seguridad, se preguntarán si soy alguna especie de alien. En tanto yo canto, sin permiso de Sting, «I’m an alien, I’m a legal alien, I’m an Englishman in New York», porque alien significa extranjero, como también lo significó en algún momento, la palabra ‘nación’.

Entonces aparece Valverde en esta historia y su pésima gestión del Barcelona más raro de los últimos años. Y claro que estoy de acuerdo en lo mal gestionado de ese equipo en cualquier sentido que se mire. Pero pudiera pensarse, por otra parte, que se intenta preservar a ultranza un estilo de juego, que quizá ni entiende de forma adecuada ni tiene las piezas idóneas para ello. Esto por supuesto es discutible, pero, ¿qué tal si no tienes a Xavi e Iniesta?¿Qué pasa si tú equipo no es el City? ¿Qué pasa si entiendes el fútbol distinto de Cruyff?

Las antípodas de esas interrogantes son cómplices y no enemigos para entender el mismo fenómeno. Funcionan más como par dicotómico, así como alienígena es lo contrario de indígena. Son distintos lugares de un mismo fenómeno. Por eso me atrevo a preguntar qué dirían los puritanos si Valverde, o el Cholo consiguen el sextete, seguramente se llenará de igual forma la Fuente de la Canaletas o se pararía el tráfico en Neptuno.

Vuelvo entonces al supuesto más ambiguo del fútbol, el de jugar bien. Lo que para unos es una cosa, para otros es distinta. ¿Juega mejor el que más pases acierta y más tiene el balón o el que mejor aprovecha lo que tiene sobre el campo? ¿Es mejor quien da muestras de virtudes técnicas al por mayor o el que logra, de la forma que puede, marcar un gol más que el rival?

Cualquiera tiene el derecho de sentarse a degustar sombras en la caverna de Platón, pero vayan esos mismos a cuestionar los valedores de la eficacia, a los gustosos de la recia defensa, a los valientes irreverentes que se paran frente a los gigantes a matar o morir, a morder la pierna y a huir si es necesario para legar para los suyos la gloria. Vayan y tilden de resultadistas a los que anhelan la victoria y con ella esa gloria. Y disfruten su formidable prolijidad. De paso sepan, que formidable originalmente definía «lo que es muy temible y que infunde asombro y miedo», pero ya cambió, como quizá cambie un día la esencia de la más universal de las pasiones. Quizá ese día, ganar, se penalice

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