MEDIA VOLEA
Columna de Ernesto Amaya Esquivel
En tiempos de reggaeton cualquiera es músico. Me incomoda todos los días escuchar a los que “saben de fútbol” confundir a Mateja Kežman con un whisky. Mi onda es la de Buena Fe, amo las viejas glorias.
En la actualidad no funciona la frase que hace par de temporadas rodeaba a los clásicos Madrid-Barca. “Cantera contra cartera” fue el lema para poner al descubierto una y otra vez el derroche desmedido de la entidad blanca en el afán de destronar a su archirrival.
Los madridistas sentaron cátedra en este aspecto, cualquier costo era poco para el imperio de la capital española. Ronaldo, Zidane, Figo, Kaká, Cristiano, James y Bale son algunos de los golpes sobre la mesa de su majestad merengue.
El Barca por su parte siempre o casi siempre apostó al producto salido de la prestigiosa Masía. Guardiola, aplicando las enseñanzas de Van Gaal y Cryuff, los llevó a la máxima expresión y ejerció paternidad absoluta en Europa, teniendo como hijo predilecto al Real Madrid.
La realidad azulgrana es muy distinta a su historia. Millones van y millones vienen en cada ventana de transferencias, la cantera, bien y tú. Muchos jugadores talentosos han cedido sus puestos a otros, quizás hasta más malos, pero que tienen etiqueta y cuestan en el mercado.
Bartra, Thiago Alcántara, Bellerín, Masip, Sergi Gómez, Fontás, Muniesa, Grimaldo, Oriol Romeu, Samper, Tello, Cuenca, Deulofeu, Adama Traoré, Keita Baldé, Sandro, Sanabria y Montoya son algunos de los que me vienen a la mente que pudieron haber sido y no fueron.
Griezman, Neymar, Dembelé y Coutinho son de los últimos caprichos y como caprichos al fin unos no funcionaron y otros están por ver.
Al aficionado y seguidor actual del Barcelona puede que poco le interese lo que escribo, en definitivas tienen un gran equipo y de seguro querrán ganar a toda costa, no importa lo que se desembolse o cuanto se traicione a los principios no escritos de la tradición culé.
Por lo pronto Ansu Fati y Carles Pérez intentarán girar la vista de los equivocados para que tomen el rumbo correcto. Ojalá Valverde, Bartomeu y compañía recuerden que un día fueron del Barcelona.