El estilete galés

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La columna de Malcom Izquierdo

Alma de Scouse, marinero sin barco, melómano perenne, cinéfilo confeso y siervo de la belleza.

Me gusta el football pero he descubierto que lo hago casi de manera platónica. Mi niñez estuvo marcada por la imposible hazaña de parecerme a Bruce Lee. Aquel que sea amante de la música debe haber tenido la misma frustración cuando -sin haber siquiera visto una partitura- creyó que podía tocar la guitarra como Jimi Hendrix.

Un día vino mi viejo y me trajo unas revistas de colores en lenguas extrañas. Allí vi a hombres de short y medias sucias, siempre corriendo detrás de una bola con colores sobre un pasto verde, muchas veces enlodado. Un tipo de mostacho como Chaplin llamó mi atención. En las fotos, otros hombres de short y camista escarlata lo abrazaban riendo. ¿Acaso es que él siempre les hacía ser felices? Pues parece que sí.

Sus ‘amigos’ celebraban goles y casi siempre el era quien traía esa alegría. Luego aprendí su nombre: Ian Rush. Seguí viéndole hasta que un día… se me perdió. Papá me dijo que el minimostachudo andaba por ltalia. Lo busqué por allí y cuando lo reencontré no le vi la misma sonrisa, ya sus ‘amigos’ no eran tan felices. Comprendí que él debía retornar a las canchas enganchadas, que sus verdaderos ‘amigos’ querían que él siguiera haciéndoles ser felices y -¿por qué no?- hacerme feliz a mí.

Un día papá me dijo: «El hermano de Chaplin regresó a casa». Sentí regocijo, el señor del gol me hizo caso. Me prometí a mi mismo ser cuidadoso respecto a mis ídolos. Ellos de cierto modo nos pertenecen, pero necesitan volar y probarse, y si la aventura no es tan exitosa… los suyos le esperarán con los brazos abiertos y le dirán: «Nunca caminarás solo».

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