A BALÓN PARADO
La columna de Alejandro Céspedes Morejón
El fútbol es como la vida, golpeas bien la pelota y no siempre es gol…
Cuando en el fútbol pretendemos venerar los equipos que construyeron épicas leyendas como La Garra Charrua o El Catenaccio, rebuscamos esos archivos que tienen tanto polvo que cogemos sobredosis de melancolía y no vemos que el Jogo ya no es tan Bonito, o que a La Mecánica Naranja solo le queda el color.
Soy un atrevido al decir que los verdaderos amantes del fútbol no cometen el pecado de olvidar. Pues redescubrir en un video casete los mundiales de Pop, Disco y Punk, o en una revista soviética aprender que el primer campeón de clubes de Europa fue el Sparta Praga porque antes de la Champions League y La Copa de Europa, existió La Copa Mitropa; es como tomar la píldora roja en La Matrix.
De ahí que me place ver a los uruguayos defendiendo su historia de cuatro estrellas en el escudo de su chamarreta, y me incomoda que a los ingleses solo se les acuñe el título del 66′, que adolescentes y muchos veteranos piensen que Suecia llegó a la élite del fútbol en los noventa y digan que la Bélgica de De Bruyne y Hazard ha logrado lo mejor de la historia flamenca.
El primer Mundial de Fútbol en Uruguay 1930 se celebró por la negativa del comité organizador de los juegos estivales de Los Ángeles 1932 ha programar el fútbol. En el salvaje oeste el deporte rey de multitudes era el béisbol. La pequeña FIFA arriesgó la inversión motivada por el éxito que le habían dado a este deporte los primeros cinco torneos programados para Los Juegos Olímpicos. La institución futbolista, que en sus inicios no tenía recursos para financiar un evento independiente, aprovechó las magnas citas para asociarse con el COI y los calificó como mundiales amateur de fútbol, ya que reunió de forma oficial a las mejores selecciones absolutas del planeta.
Que los celestes de América ganaran no fue sorpresa ya que habían vencido en los Juegos Olímpicos de París 1924 y Amsterdam 1928. Y como evento incipiente, los equipos de mayor calidad de Europa y el primer titular absoluto del mundo, Inglaterra, no le interesó atravesar el Atlántico en barco para demostrar la calidad que ya le conocían en el planeta. Los británicos gozaban de una liga potente, del prestigio de ser los creadores del juego y los títulos de Londres 1908 y Estocolmo 1912. Los belgas que fueron titulares en Amberes 1920, fueron los únicos de élite que se aventuraron a lo desconocido.
Por esos años el profesionalismo no era un padecimiento total y el amateurismo era la premisa del deporte en general, por tanto la FIFA jugaba sus torneos de 1930 en Montevideo y París en 1938 con futbolistas de ambos ámbitos. Esto justifica los éxitos olímpicos anteriores, y los de Italia en Berlín 1936 y Suecia en Londres 1948.
Cuando el profesionalismo al fin inundó el fútbol, la FIFA y el COI acordaron solo incluir jugadores amateurs bajo los cinco aros. El fútbol era la delgada línea roja del deporte en tiempos de la guerra fría, por lo que la selección Dorada de Hungría que ganó en tres ocasiones el oro olímpico en Helsinki 52, Tokio 64 y México 68, no jugaba en igualdad de condiciones contra sus rivales. Además habían caído en polémicas finales de Mundiales de FIFA ante Italia en Francia 1938 y frente a la Alemania Federal en Suiza 1954. Pero eso no les quitaba el cartel de íconos del fútbol.
Pero ya en esta época solo podían jugar amateur bajo los cinco aros, por lo que los contrincantes de los magiares, como los de soviéticos en Melboure 56, yugoslavos en Roma 60, polacos en Múnich 72, alemanes democráticos en Montreal 76 y checoslovacos en Moscú 80, no estaban en igualdad de condiciones.
A pesar de todo el éxito y reconocimiento del fútbol en los Juegos Olímpicos seguia a la par de las Copas del Mundo, por lo que FIFA tuvo celos de seguir compartiendo el éxito y las ganancias con el COI, que tanto le impulsó, y para Los Ángeles 84 y Seúl 88 impuso la regla de que UEFA y CONMEBOL solo podían inscribir a jugadores juveniles por el alto nivel de sus selecciones, posteriormente para Barcelona 1992 fue tomado como regla general para todos con la inclusión de tres atletas de mayores.
Admitir el VAR para intentar rectificar los errores inmediatos de los partidos, fue el primer trago en pos de reconocer que los viejos amores merecen ser reconocidos. Por eso levanto mi copa para brindar porque el fútbol reescriba su historia oficial y le conceda las estrellas que merecen en su escudo, Inglaterra (como máximo contribuyente y representante de Gran Bretaña en la época), Bélgica, Suecia e Italia, y así no cometer el pecado de olvidar a los que dominaron el mundo del fútbol desde el Olimpo.