Muerte súbita

EL FÚTBOL Y YO
La columna de Alay Fuentes

«Mucha gente dice que el fútbol no tiene nada que ver con la vida, no sé cuánto saben de la vida, pero de fútbol, ¡no saben nada!» (Ángel Di María)

Como bien dice el título de hoy, mi columna está dedicada a la muerte súbita, pero no específicamente a los disímiles tiempos extras en las modalidades deportivas de la era televisiva actual, sino a lo literal del enunciado y muy a mi pesar dialogaré sobre las muertes en los terrenos de fútbol, es decir hablaremos sobre el Síndrome de la Muerte Súbita.

Es inverosímil como la prensa de hoy se hace eco de millonarias contrataciones o posibles fichajes de mega estrellas de celuloide, convirtiendo cada uno de ellos en folletines radiales de los 50, (pobre Orson Wells y su Guerra de los Mundos) y dan la espalda a las cada vez más recurrentes muertes en los terrenos de fútbol.

Antonio Puerta, Dani Jarque, Marc-Vivien Foé o Cheik Tioté son infelizmente ejemplos notables de este fenómeno devastador, algo que no es resultado de la post modernidad deportiva o de sus nuevos programas de preparación. La tragedia esquiliana inicia mucho tiempo atrás, pero antes de convertirme en Joe Black o prestar uno de mis ojos a la Parca que corta los hilos, traeré a la luz el término de Muerte Súbita.

Según el Doctor Sanjay Sharma de la Sociedad Europea de Cardiología del Deporte (ESSC): “Las características que llevan a estos casos son más fatales cuando se combinan con ejercicio físico intenso y que a menudo es hereditaria”. Lo cierto es que solo el 20% de los jugadores presentan síntomas cardiovasculares visibles, para el otro 80% de los jugadores su primer síntoma es la muerte.

El primer caso registrado con este presagio es el del jugador argentino Jacobo Urso, jugador del San Lorenzo y la Selección Argentina en el año 1922. Luego de chocar con dos jugadores rivales en la eterna lucha por la pelota, cayó al suelo con un ataque cardíaco al cual no pudo regatear. Contaba en ese entonces con 23 años. A este caso le siguió el del jugador belga Van Coile en 1927, y el del chileno David Arellano unos meses después en el mismo año. Muchos son los casos donde este gen de muerte hace de antagonista de Héroes de Leyenda Nórdica.

¿Son los medios de comunicación aliados de la prevención y difusión de este catastrófico asunto? ¿Tienen contempladas las grandes Ligas de fútbol mundial informar o realizar test periódicos a sus jugadores? La experimentada Cardióloga Hilary Jones planteó en uno de sus estudios: «En el Reino Unido cada semana mueren 12 jóvenes menores de 35 años por condiciones cardíacas no diagnosticadas, 7 son futbolistas.»

Pero estos estudios científicos e informativos no les interesan a la prensa amarillista, la misma sueña con contar goles y premios, platicar sobre fichajes trascendentes y futuras concepciones tácticas. Las vidas de muchos protagonistas del juego se han desvanecido en los campos de batalla, no irán al Monte Olimpo del fútbol pues no venden camisetas ni noticias multimillonarias, no son traspasos estratosféricos pues su vida fue cegada.

Lo que nadie podrá quitarle a estos Argonautas es el lugar cimero en el corazón de millones de hinchas de todo el mundo, no el insulso minuto de silencio de los partidos televisados, más bien la gloria de ser recordados por siempre.

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