Para odiar sobran motivos.

EL PUNTO CENTRAL
La columna de Raul Hernandez Lima

Se vive mejor cuando el cuero rueda dentro de las líneas. Dicen que hay vida más allá, pero no es vida. La maravilla es redonda y es blanca…

Buscar la identidad en lo meramente actual es tal vez restar eficiencia a la búsqueda. Si resulta, como el caso del fútbol cubano, que el fenómeno escrutado no goza de su mejor momento, automáticamente se rechaza en lugar de aceptar los vínculos con él.

Desde esa óptica es fácil entender por qué a quienes hinchamos por la selección nacional de fútbol cubana, nos vinculan más con una persona carente de juicio que con alguien que siente esa identidad por lo nacional.

Desde lo práctico tal vez sea extraño pero la decisión personal no entraña daños a terceros. Sin embargo esos que dicen amar lo que mancillan y por ello crean un ambiente tremendista y apocalíptico para canalizar las frustraciones sí.

Para esos o por ellos, es mejor explicar que no intento exagerar su nefasta falta de congruencia y por eso no los reconozco como el peor problema para la absoluta cubana. Ese lugar muy difícilmente alguien se lo arrebate a Oliet Rodríguez y Luis Hernández, únicos empleados de alguna empresa que hacen lo peor que pueden su trabajo y conservan su puesto.

También reconozco el burocratismo y alguna que otra intersección de lo político en lo cultural y lo deportivo incidiendo negativamente, pero no me interesa dilucidar en escabrosos entramados que se alejan de lo meramente deportivo, y no se trata de algún temor personal, sino de que más bien mi escrito versa, exclusivamente, de los nuevos seguidores del Team Cuba.

La desastrosa actuación de nuestro equipo obviamente genera reacciones desagradables en el mayor de los casos, la tristeza mucha veces, frustración, desánimo y tantas otras que se entienden sin mayor complicación. Luego están esos que comienzan a agredir, de cualquier forma, en su medio favorito, las redes sociales.

Las barbaridades pululan en posts infames donde se exonera de cualquier responsabilidad en el resultado a aquellos que ven una puerta a la migración en la selección y cuanto torneo se juega en Estados Unidos. Como si comprometerse con la causa del fútbol cubano fuera la excusa perfecta para evadir las regulaciones migratorias de Trump.

Los vítores a los que ‘se quedan’, eufemismo para denominar a los que embarcan el piquete, como si no tuviéramos ya con lo mal gestionado que estamos por el INDER y cuanta organización gestione el deporte en la Isla, se leen cual celebración a los goles que no marcaron.

Entonces me pregunto si esos que festejan la desgracia del desmembramiento, ayudan más que aquellos burócratas que se afanan en patentar la nacionalidad y retrasan la convocatoria de quienes intentan representar a Cuba con el indiscutible derecho que les otorga ser cubanos.

Y así me encuentro alguno que juega a la fama, alegrándose hoy porque se van, los que mañana reclamará para que vengan, aún cuando se fueron por su respetable voluntad.

Quizá yo les brindo demasiada importancia a los más pendientes del descalabro que deseosos del éxito. A los que alegan una cubanía supina y se alegran del fracaso y hasta lo esperan con los dientes afilados para caer sobre personas que se dejan la existencia sobre el pasto.

Y son tantos; los aprendices de erudito, los sabelotodo, los que juegan a la fama, los agentes frustrados y aventureros que ven más de lejos que de cerca y se afanan en ganar un like reuniendo los odiosos en lugar de propiciar un debate plural y objetivo, los representantes voluntarios.

Los yo yo yo, los de los palos fáciles, los de los lugares comunes, los que dicen ‘donde juegues voy a estar’ con la mano en el pecho y luego de la derrota salen con el cuchillo entre los dientes. Esos que no sienten dolor sino rabia, esos que prefieren tener la razón. Esos, amigos míos, quizá cuando falten los incapaces, los gestores del fracaso, los que desdirigen, se vayan con ellos a cualquier parte porque para odiar, les sobran los motivos.

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