El fútbol según quien mira

TOQUE CORTO
La columna de Jose Eduardo Borrego Zaldivar

Gamer, geek, nerd, pero sobre todo cubano que vive y muere por el futbol. Sus cicatrices lo demuestran.

He escuchado a muchos decir que el fútbol es un deporte distinto, que las cosas que lo distinguen incluso pueden ser llevadas a debates y muchos podrían ni siquiera estar de acuerdo en ese punto.

De cualquier manera, en algo existe consenso: es un deporte como el arte más puro, y como toda obra, tiene múltiples lecturas que dependen tanto del autor como de quien se para delante y se rinde por un rato frente a la abstracción. El jugador es el artista, el balón su pincel y la cancha el lienzo.

Pero el jugador –recuerde, el artista-, no exento de fallar, siempre será el primer blanco de las críticas. Se le reprochará todo pues “la opinión del público siempre es respetable”. Y así siempre ha sido, y así por siempre lo será. Los momentos felices suelen ser más fugaces de lo que a muchos –sobre todo a los que sudan la camiseta- les gustaría.

El reponerse al fallo es –a juicio personal- una cualidad innata de los ganadores. La ambición y la búsqueda constante de la perfección, sencillamente entrañan la Belleza, aquella que cada artista busca en su obra.

Antes de la belleza al jugar, de la búsqueda de la fluidez y la sutil dinámica de jugar bien; muchos anteponen el buen trato y la fluidez por un pragmatismo agresivo y –casi siempre rocoso- equipo que encuentran el parking del autobús en los últimos 30 metros de su cancha y que nuestros abuelos denominarían de “trabar fuerte la pierna”. La ruta que conduce a la victoria tiene muchos atajos.

La historia –incluso la más reciente- nos deja claros ejemplos de quienes han usado esos atajos y escondrijos; y sin muchas complicaciones, pero con mucho oficio, se han abrazado al éxito. Sin dudas la multiplicidad de lecturas que deja este bendito juego es la culpable de que lograr consenso sobre cuál es el Estilo, sea más difícil que anotar los goles.

Los hinchas siempre exigen, unos discrepan con racionalidad, otros lo hacen arbitrariamente. Ganar, ganar y ganar; ¿de eso se trata, ¿no? ¿De qué va el fútbol, el deporte en general que no sea una situación a la victoria? ¿De qué se discutiría en cada ciudad, cada pueblo, cada rincón de fútbol, sino de un ganador y un derrotado? La ruta que conduce a la victoria tiene muchos atajos.

Si el fútbol es arte y el arte es polisemia, el fútbol también lo es. A la contra o al toque. El fútbol es del que gana, pero también del que pierde. El fútbol es de todos.

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