A Turia revuelto…

PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez

La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista….

Peter Lim, ahogado en su inestimable poder, ha incumplido uno de los principios básicos del manejo empresarial. ¿A quién, en su sano juicio, se le ocurriría tomar una decisión para perjudicarse a sí mismo? Dos opciones aparecen como posibles respuestas, cual martillazos en la conciencia del valencianismo: o el hombre está totalmente arrebatado, o su notable necesidad de protagonismo le ha jugado una mala pasada. Pocos saben qué le atravesó por la cabeza al magnate al echar a Marcelino o cuál de sus «avezados consejeros» le empujó al abismo.

El Turia, en todo caso, está revuelto y la ganancia irá a parar a pescadores sevillistas, o acaso la sorpresa les dará una buena noticia a aquellos llamados a pujar por el descenso. En Mestalla hay un solo bombero y su nombre es Albert Celades, el hombre encargado de apagar un fuego a priori inapagable y el nuevo rostro del proyecto che.

Lo cierto es que en Valencia son enemigos de la tranquilidad. Por una vez en la última década lograron un entrenador capaz de aunar los intereses de un club difícil -perdón de Nuno mediante-, de imprimir a su equipo un estilo de juego estable y de congeniar con la afición a partir de buenos resultados, incluyendo la histórica Copa del Rey en el año del centenario .

Ahora, con el amargo excremento dejado por una situación impuesta de forma absolutamente antidemocrática, con las peores intenciones y desde la altura de una directiva «dictatorial», la quiniela queda abierta y apostar el rumbo del nuevo Valencia se antoja un riesgo demasiado grande incluso para los más acertados pronosticadores. Celades deberá pulir las lagunas de un conjunto que en el último partido de Liga apenas logró entender a qué jugaba. Cinco goles cayeron mientras los jugadores andaban a medio camino entre el método Marcelino y el método Celades.

Lo único que invita al optimismo en los alrededores de Paterna es la herencia del excelente trabajo realizado por Mateu Alemany, quien construyó una plantilla con muy pocas fisuras, lista para pelear por la élite liguera. Pero el fútbol, dicho queda, es mucho más que once hombre con calidad y un buen esquema táctico. Los contextos influyen y como reza el refranero, a Turia (río) revuelto, ganancia para los rivales que pisen el césped de Mestalla. Vivir para ver.

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