Loosing my religion

EL HINCHA
La columna de Glauber García Lara

Soy un tipo que aprendió a leer y escribir en Cuba post 1959, con todo lo que eso conlleva. Cansado de perder el tiempo y la vida me mudé a USA. No represento a nadie. Solo a mí. Puedo vivir con Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, pero lo que de verdad me lleva es mirar a alguien de frente y hablar por horas. De cualquier cosa….

La voz de Michael Stipe evoca las emociones de forma única. Más que cantar nos cuenta una historia, muchas veces desde el lamento de lo que fue y no volverá. Hace unos días mientras en el Whasapp de 9,15 hablábamos sobre las bandas de rock que influenciaron nuestro gusto musical, no pude evitar asociar Loosing my religión con la decadencia del fútbol sudamericano.

El clásico de R.E.M encarna muy bien la actualidad futbolística a la izquierda del Atlántico, donde las potencias de siempre pierden contra los grandes de Europa, y lo que una vez fue su esencia se diluye. Tal vez para siempre.

Muchos especialistas coinciden en como la identidad del jugador y las selecciones latinas se ha europeizado en las últimas décadas. Ya no es ese fútbol popular, casi literario, que compartía un lenguaje común en las calles y barrios pobres de Sao Paulo, Montevideo, Cali, Santiago o Buenos Aires. Hoy los jóvenes talentos no sueñan con jugar un Boca-River. Su mirada enfila a los mares que bañan al Viejo Continente.

Cada vez la brecha económica entre los clubes europeos y sudamericanos es mayor. Resulta común ver como un chico que aun no cumple 18 años recala en el Madrid, Chelsea o PSG. Las oportunidades de dinero y fama que ofrecen son incomparables con las de sus similares de América. La hemorragia se acelera y no hay torniquete que detenga la sangría.

Esta especie de “efecto escaparate” donde unos muestran su producto para que otros compren terminó por elevar aun más el alto nivel de los equipos de Europa. Y a su vez provocó una disminución del que se juega en Sudamerica, pues los reemplazos no son suficientes y en su mayoría de inferior valor deportivo. Las consecuencias son devastadoras.

Italia, España, Alemania y Francia ganaron las pasadas cuatro Copas del Mundo, solo Argentina amenazó la tiranía europea en 2014. Si miramos los mundiales de clubes comprobamos que desde el Corinthias en el 2012 ningún otro campeón de la Libertadores derrotó a su par de la Champions. Incluso en varias ocasiones ni siquiera llegó a jugar la final. Jamás en la historia hubo un periodo de dominio mayor de un continente sobre otro.

Ante esta realidad muchos federativos y técnicos sudamericanos intentaron copiar el modelo ganador. Priorizaron e importaron sistemas tácticos distintos a los habituales, enfocaron sus objetivos al resultado sobre la forma pero hasta el momento no dan con la nota correcta.
Aquellos que no lograron las metas sufrieron despidos, muchos proyectos murieron casi sin iniciar y la caída en espiral no se detiene.

No es casual que los estrategas del Nuevo Mundo exitosos en las mejores ligas del planeta sean más de corte europeo. Simeone y Pochetino a la cabeza. Como tampoco es fortuito que sea Uruguay la selección más reconocible de Latinoamerica gracias al Maestro Tabárez, un tipo al que la federación charrúa le respeta el proceso de formación y competencia más allá del resultado final.

Brasil ya no es “jogo bonito” mientras Argentina pierde poco a poco la pasión del potrero. Y es que cuando el jugador sudamericano se europeiza tan joven deja atrás parte de su ADN futbolistico.

Hace unos días Tite explicó convincentemente el asunto: “La CBF nos da la estructura para acompañar a los jugadores que están en Europa y, como seleccionadores, tenemos la ventaja de poder escoger los mejores, pero, en compensación, no tenemos esa relación que permite acompañarlos en su día a día y de tener tiempo para transmitirles lo que queremos”.

Si Sudamérica aspira realmente a competir con Europa tendrá que reestructurar muchas cosas. Actualizar sistemas y estructuras, claro está, pero sin olvidar a esos genios sin zapato que hoy tocan balones remendados en fabelas, lodazales y calles estrechas.

A esos que en un futuro bien cercano estarán levantando “Orejonas” y ganando Balones de Oro, deben tatuarle en el alma el juego que aprendieron de chicos, o lamentablemnte de este lado del océano seguiremos sufriendo por la pérdida de aquello que nos hacia únicos, lo que dábamos por sentado y que como la leche derramada no regresara.

Deja un comentario