J.R.R

EL FÚTBOL Y YO
La columna de Alay Fuentes

«Mucha gente dice que el fútbol no tiene nada que ver con la vida, no sé cuánto saben de la vida, pero de fútbol, ¡no saben nada!» (Ángel Di María)

“Un último 10 para el futbol táctico, sobre una cancha oscura, en la Tierra de los mediáticos donde se extienden las sombras. Un 10 para regatearlos a todos. Un 10 para acumularlos, un 10 para atraerlos a todos y atarlos en las canchas, en la Tierra del futbol donde se extinguieron los distintos”.

Aunque les parezca muy revelador este comienzo (para los amantes de la literatura fantástica) no estoy escribiendo sobre Tolkien o El Señor de Los Anillos, mi columna de hoy va dirigida al único, no al anillo fraguado por Saurón, esta es una fábula que versa sobre el único y gran último 10, Juan Román Riquelme.

Román o Riquelme? Para sus seguidores está bien cualquiera de los motes de su playera, solo quieren verlo cabalgar sobre La Bombonera con el balón atado a sus pies, evadiendo obstáculos, jugueteando sobre zancadillas, levantar su mirada y disfrutar de un disparo colocado o un pase milimétrico, también lo extrañan en El Madrigal (actual Estadio de La Cerámica), echan de menos su número ocho, aunque fuese todo un diez, añoran esa dupla inigualable con Forlán, dueto que les regalo a los seguidores del Yelow Submarine un tercer puesto en la Liga, una Copa Intertoto y una semifinal de Champions League, muchos injustamente recuerdan su penal errado versus Lehmann en la semifinal de marras, muy pocos hablan de su testimonio pletórico en Old Trafford , de sus malabares en el Giuseppe Meazza, del encantamiento al que sometió a los osos en el Ibrox Park o de cómo opaco con su estela el Estadio de La Luz.

Lo atinó Bilardo e hizo que lo llevaran al barrio de la Boca, lo asentó Bianchi, lo mostro Pellegrini en Europa, lo amo toda Argentina y parte del mundo, porque J.R.R fue y será el último de su especie, un ser con fulgor propio, con un vuelo de dragón sublime, con un balón parado lúcido, con una velocidad mental distinta, domino La Copa Libertadores hasta en tres ocasiones extasiando a toda La América con su majestuoso vuelo, el Continente Asiático coexistió con todo su mágico esplendor desde un comienzo, primeramente junto al payaso Aimar conquisto el Mundial sub- 20 en Malasya 1997, en el 2000 con Palermo de escudero gano la Copa Intercontinental de Clubes en Tokio contra el Real Madrid, allí convertido en Quijote halló la gloria, China y su Muralla presenciaron atónitos toda su magnificencia al conquistar el sueño Olímpico en Pekín 2008, y es que Juan sugiere intención , esplendor, magia, regala gambetas impredecibles, caños majestuosos, Román se aferra a la pelota y no la presta, la saca de paseo, la muestra, la esconde y baila con ella al compás de un Tango de Gardel, Riquelme nos saco del soporte táctico, nos condujo de la mano por un cosmos embrujado con su talento, mediado por su visión, influido por su carácter introvertido, bendecido por un hechizo de luna.

Quien lo vio jugar sabe a lo que me refiero, no hablo del último rey bajo la montaña, ni del ensordecedor vuelo de Smaug, mi historia de hoy plática sobre el único, mi alegoría intima acerca del último Gran Diez.

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