El conclusionismo inconcluso

AL PRINCIPIO FUE EL BALÓN
La columna de Magol Alejandro Valdés

«Durante el séptimo día, Dios se dio cuenta de que faltaba algo y dijo: ¡Que haya fútbol!
Y vio que era bueno.
Creó además el balón para que todos tuvieran las mismas oportunidades.
Y entonces, al ver que su creación estaba completa, Dios descansó.»

Los seres humanos, en nuestra desesperada y eterna búsqueda de las verdades, hemos justificado todos los conocimientos a lo largo de la historia sobre una base de hechos tangibles, objetivos, muy pocas veces interpretativos o imaginables.

El desarrollo de nuestro intelecto ha sido siempre evidenciado a través de fundamentos científicos, los cuales están constituidos -casi en su totalidad- por ecuaciones, logaritmos, teoremas o fórmulas matemáticas. Pertenecemos a una especie con un escepticismo inherente a su naturaleza que mayormente sigue una lógica, cree en demostraciones o exactitudes y jamás supone sino que mide o cuenta.

Pero para una humanidad enfrascada en encontrarle respuestas y soluciones a todo, evidentemente el fútbol resulte algo extraño y disparatado; un fenómeno sin explicación, capaz de escapar de todo aquello que una mente común fuese capaz de calcular. Su constante desafío a la razón debería ser suficiente para catalogarlo como la madre de todos los sinsentidos, lo situaría por derecho propio en una dimensión de la que pocos pudiesen presumir como asimilada. El fútbol es un deporte tan irracional y absurdo, que difícilmente permita ser considerado a sí mismo -en algún momento- como una ciencia exacta.

Tras más de cien años de su invención, el fútbol aún congrega a millones de personas en búsqueda de una certeza absoluta respecto a su verdad. La resistencia popular a imaginar este juego como algo sencillamente ilógico e inexplicable, continúa desarrollando una incapacidad a nivel global para sospechar siquiera el verdadero significado del mismo, a la par que priva al gran público de descubrir el tesoro más infravalorado de todo el asunto: el fútbol es -junto al amor, el tiempo y la muerte- una de las grandes abstracciones de la existencia, no tiene respuestas ni conclusiones, no se entiende o se cuestiona sino que se acepta y se vive.

¿Por casualidad alguien sabe de qué trata este deporte? ¿Cuál es su verdad? ¿Existe siquiera? ¿Trata sobre ganar? ¿Gustar? ¿Acaso es una diversión? ¿Un arte, como muchos creen? ¿O es la guerra como consideran tantos otros? ¿Trata sobre pasarse la pelota en corto? ¿Tirar pelotazos? ¿O quizás chutar a portería constantemente? ¿Hacer más goles que el rival? ¿Existe un atajo para eso? ¿O tener a los mejores, así de simple? ¿Defender más que atacar, o viceversa? ¿Realizar entradas duras? ¿Jugar abiertos? ¿Cerrados? ¿Presión alta? ¿Esperar en el área? ¿El fútbol trata sobre geometría y táctica? ¿O de libre imaginación acaso? ¿Quizás sobre ser fuertes físicamente? ¿Rápidos? ¿Inteligentes? ¿Bajitos? ¿Altos?

El fútbol es un desmontador natural de teorías; admitir que ninguna goza de más peso o validez que otra -que todas poseen sentido o son disparatadas a la vez- constituye su más grande legado. Lo afirmo con la misma seguridad con la que vi a Dinamarca ganar una Eurocopa desde la playa, o a Iniesta dominar al mundo con el cuerpo más débil que Dios pudo poner en un atleta. No hay nada de lógico en ello. Pero mucho de mágico.

Créanme, luego de más de 20 años intentando descubrir el secreto, solo sé que cada pregunta me aleja mucho más de las respuestas. Por eso ya ni me las hago.

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