PAUL

EL PUNTO CENTRAL
La columna de Raul Hernandez Lima

Se vive mejor cuando el cuero rueda dentro de las líneas. Dicen que hay vida más allá, pero no es vida. La maravilla es redonda y es blanca…

El principal levantó su mano, mostró el cartón pálido a Paul y dos lágrimas salieron de sus ojos. Se le vio caminar llorando por el campo frente a la Alemania Federal. Si pasaban a la final, él no estaría allí. Nadie quiere perderse la final de un Mundial. Tampoco quería Gascoigne y lloró por ello como un niño.

Quizá ese acto tan pueril como comprometido, define al inglés que nunca anduvo con medias tintas sobre la grama y menos fuera de ella. El comportamiento infantil de Gazza se tornó desmedido convirtiéndolo en un personaje díscolo e irreverente.

Pronto su imagen controvertida se convirtió en cortina de humo minimizando su calidad como futbolista. Eso tal vez le ganó que sea más recordado por su alcoholismo y sus excentricidades que por integrar el once ideal de la Copa del Mundo en 1990.

Las historias del centrocampista inglés dan para un anecdotario quizá más grueso que la guía telefónica de Londres, si es que todavía las usan. Y no puede ser diferente cuando se atrevió a vestir un avestruz con la camiseta de los Spurs y llevarla al campo de entrenamiento y presentarla como el nuevo jugador del equipo londinense.

Otras veces se atrevió a bajar los pantalones de un jugador en una situación comprometida. O aquella vez en que la secretaria de la Lazio llevaba una tetera al presidente de la institución y en plena firma del contrato sacó una pistola y le disparó al recipiente ante el asombro y el susto de los presentes. Paul sonrió como si de su primer gol con el club se tratara.

Jugando con los romanos marcó un golazo en un amistoso contra el Sevilla de Maradona. El astro argentino le respondió anotando de tiro libre y le guiñó un ojo, tal vez como gesto cómplice a sabiendas de que ambos jugaban ebrios. Tras el partido Maradona se negó a comparecer en la conferencia de prensa pero Gascoigne fue obligado a hacerlo. El desastre le costó 50 mil euros de multa.

Sus problemas con el alcohol le costaron más que multas. Quizá su creciente vida nocturna y dada a los excesos le restó calidad a su fútbol. El sobrepeso lo alejó de a poco de las canchas y el alcoholismo le apartó, incluso, de la familia. Pero peor que su problema con las bebidas, aparecieron sus trastornos psiquiátricos.

La psicosis le afectó y la paranoia le hizo refugiarse del mundo exterior. La prensa sensacionalista colaboró con su deterioro mental y hasta le intervino sus teléfonos personales ilegalmente. Entre recaídas, períodos de rehabilitación y de sobriedad transcurre la vida de Gazza.

A pesar de su turbulenta existencia nada lo pudo alejar del fútbol y se le ha visto recuperado participar en un partido de leyendas de los Spurs recientemente donde disfrutó de una cerrada ovación de los aficionados. Incluso tuvo ofertas tentadoras como la de José Mourinho para acompañarlo como entrenador del Chelsea y que Paul rechazó.

El mismo Mou lo llamó con el mote de ‘Especial’. Gazza respondió al luso que él era el Special One. Cuenta Paul que el portugués le invitó a presenciar un partido del Inter de Milán y cuando se acercó a la recepción del hotel a preguntar por unas entradas que dejó el técnico a nombre de Paul Gascoigne, nada pudieron encontrar los empleados.

Ya se rompía la cabeza el controvertido inglés cuando pensó en preguntar si el encargo podría estar a dirigido a ‘The Special One’ y allí estaban las entradas.

Un mediocampista de clase, con gol y furia por demás. Intrépido, con carácter. Temido por los rivales y respetado al mismo tiempo. Querido por todos. Se refugia en la pesca y el golf para alejarse del alcohol. Pero ahí está sentado en el trono del fútbol inglés, como uno de los mejores jugadores que vio una selección de los que inventaron el juego de los goles y las gambetas.

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