Viaja entre el cielo y las penumbras, puja, cede, sorprende y decepciona. Su casa es un sitio pulcro y sereno, a veces mohíno, que un día le decían El Madrigal y al siguiente le impusieron el nombre de La Cerámica. Vive así, con la ilusión de los pequeños y el linaje de los grandes, respetado en Europa y de vez en vez con casa de campo en Segunda. Es el del Villarreal, eso sí, uno de los proyectos más sobrios y pacientes de la Liga.
En el palco principal hace mucho tiempo las cámaras captan el mismo rostro: Fernando Roig, dueño de ilustre apellido y gestor eficaz de un submarino que ha navegado por casi todos los océanos. Dicho esto, al parecer la tolerancia del señor Roig comienza a rendir sus frutos en la actual temporada, con una hilera de buenos resultados tras el trastabillante inicio de contienda y el aciago rendimiento del año anterior.
Recordemos que hace una campaña fue Javi Calleja el encargado de enrumbar al club, cuya talentosa plantilla no consiguió nunca durante 38 jornadas establecer un juego acorde con su nivel. Las notables carencias defensivas lastraron al Villarreal, incapaz de ser sólido en ninguna de las dos áreas. Así, en uno de los movimientos más inauditos regalados por el fútbol y el ingenio de las directivas, Calleja fue echado y luego del paso igualmente triste de Luis García Plaza, repescado para alejar al submarino de la negra triada del descenso.
Esta temporada Calleja, entrenador pragmático y buen gestor de vestuario, hombre de club amén de sus dudas como idealizador de una táctica triunfal, cuenta con un grupo compacto, ayudado por el aporte de figuras nuevas como el prometedor Pau Torres, probablemente uno de los centrales de más futuro en todo el viejo continente. Torres, complexión física ideal para un zaguero (delgado y alto), es de aquellos defensores que jamás pone en riesgo la seguridad de su arco. Pese a no ser un dechado en el manejo del balón, tiene la suficiente inteligencia para estar siempre bien ubicado y echar la pelota a la banda para evitar complicaciones.
Al lado de Pau, para conseguir al fin una defensa como Dios manda, aparece el veterano Raúl Albiol, del cual pocas cosas se podrán decir a estas alturas de su exitosa carrera. Así, con juventud y experiencia, Calleja posee una retaguardia eficiente y ha cerrado la hemorragia que mantenía al conjunto más en el suelo que en el cielo. Por las bandas aparecen Rubén Peña y Alberto Moreno, laterales por encima de la media del torneo, y en el arco quien aparece a juicio de este redactor en el top 5 de porteros de la Liga: Sergio Asenjo.
De ahí en adelante todos los problemas son solucionables, pues el Villarreal posee talento en todas sus líneas, especialmente gracias al legendario Santi Cazorla y al subvalorado Gerard Moreno, los cuales hacen bueno el esquema clásico de Calleja, un 4-4-2 que une dos mediocentros con dos volantes abiertos en una línea compacta por detrás de dos puntas. A simple vista un dibujo básico, pero dirían los que saben, la sencillez a veces constituye la clave de la victoria.
Queda entonces observar desde fuera la evolución del club castellonense en la Liga. A priori, el propósito es retornar a sus viajes por aguas del Viejo Continente y basta con otear lo sucedido en las primeras páginas del calendario para notar que es posible el objetivo.