EL PUNTO CENTRAL
La columna de Raul Hernandez Lima
Se vive mejor cuando el cuero rueda dentro de las líneas. Dicen que hay vida más allá, pero no es vida. La maravilla es redonda y es blanca…
Después del decepcionante empate en casa del Real Madrid ante el Brujas, un debate se reabre para los seguidores del más universal de los deportes. No se trata de la portería con la imposibilidad palpable y desesperante ya para los blancos de dejar el arco en cero, ni siquiera el de la falta de goles que dejó la marcha de Cristiano Ronaldo o el deficiente mercado de fichajes del club que ganó tres de las últimas cuatro Champions.
El análisis emergente es el del estilo vs el propósito. Aclaro desde ya que no apruebo la gestión de Zidane desde su regreso a Madrid y si me apuran la desaprobaba ya antes de marcharse. Pero no puede ser este un señalamiento apresurado sobre la gestión del francés ni lo pretendo. El asunto va más allá, incluso, del alcance mediático del club merengue.
Muchísimas veces dije que en el fútbol, como en cualquier otro deporte, donde priman los supuestos del enfrentamiento sano y leal, el objetivo es competir y de la competencia se deriva la motivación específica del éxito, ese que para unos debe ser ganar cuando para otros, tal vez atendiendo a sus posibilidades, sería jugar un año más en primera.
Bajo riesgo de ser tildado como resultadista por unos o excesivamente pragmático por otros, reconozco en la victoria el aval ineludible al éxito de un proyecto determinado. Porque es precisamente el éxito lo que se pretende con un estilo determinado de competir. Y entiendo sano recalcar que me refiero al triunfo en tanto posibilidad del equipo en cuestión. A los que vienen de segunda quizá no les alcance sólo la motivación para ser campeones en primera.
Incluso la identidad de determinadas casas del balompié depende en buena medida del éxito para obtener no sólo el título de graduación futbolísticamente hablando sino el aliciente y la retroalimentación necesaria para saber que se hicieron bien las cosas.
Y muy a pesar de que comienzo mi reflexión a partir de la situación puntual del Real Madrid, encuentro el ejemplo justo de esta idea en su antagonista tanto en la competencia local como internacional, el FC Barcelona. Quizá el Cruyffismo (como algún amigo y colega de 9.15 se empeña en definir la espléndida forma de entender el fútbol por los culés) nunca contó con tanta popularidad y aceptación sin el aplastante paso del Barça de la mano de Guardiola. Esta etapa, sin dudas, tocó el techo de popularidad que traía desde siempre la filosofía blaugrana.
Dudo mucho que únicamente el exquisito dominio territorial, de balón, de los espacios, la espectacularidad y contundencia del juego hubieran cautivado a tantos sin el edulcorante sabroso de la victoria. A fin de cuentas, para eso está pensado el estilo, para ganar.
También expongo como argumento en mi tesis, y lo hago con la la certeza de haber vivido el fenómeno que describo, que el vistoso sistema no fue tan popular y defendido, antes de los performances inmarcesibles de Xavi e Iniesta y su arrollador paso por cuanto césped pisaron (incluyo por supuesto la selección). Probablemente una década de sequía ganadora aburriría al más punto de la paloma.
Vuelvo entonces al Madrid y su debacle (y no creo que exagero con el calificativo). Una pregunta es posible y más que eso vital para intentar dilucidar el supuesto de partida de mi comentario. ¿Cómo es posible ganar tres UCL, una liga, mundiales de clubes sin jugar a nada? Varias son las respuestas que emergen y se acumulan a medida que la pregunta encuentra oídos.
Es probable que no supiéramos entender el estilo de Zizou, como también la intervención de otros factores que no me atrevo siquiera a mencionar por polémicos. Pero tan posible resulta que no jugar a nada no contribuya absolutamente con ningún aporte, como que lo están viviendo los blancos en efecto.
Concluyo entonces en que puede gustar o no el estilo pero el éxito viene, la mayoría de las veces, a partir de un planteamiento táctico determinado y la comprensión de los protagonistas de él. Entiendo entonces que te puede gustar o no una propuesta pero tan necesaria fue la ginga para el Brasil de Pelé y compañía como el catenaccio de Lippi (ya sé que el menos rancio) para la Italia tetracampeona del mundo.
Seguramente sea más común de lo esperado decir que el Madrid de Zidane no juega a nada y por ello la mayoría de quienes lo perciben no apuestan por el éxito. Esto refuerza que más allá de las preferencias personales la victoria está ineludiblemente ligada e impulsando un estilo cualquiera que sea. Preferencias aparte dudo que alguien disfrute de ver jugar un equipo con el nimio propósito de mover el balón sin una incidencia directa en el resultado. Quizá no es cuestión de gustos.