PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez
La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista.
El fútbol que yo conocí, el de verdad, el que me pone todavía los pelos de punta de vez en vez, nació en un portal de mi barrio que seguramente no tiene el mismo aspecto de antes, ni las mismas gentes. El fútbol que yo conocí, tan frívolo y a la vez tan pasional -vaya paradoja- solo entendía de esa rivalidad crispante entre blancos y blaugranas, aunque algunos, elementos rarísimos de aquella especie de anti esnobistas, quisiéramos rascarnos la curiosidad con esas jornadas repletas de goles en cualquier confín de la geografía española.
Aquellas tardes quedarán en mi recuerdo mientras viva: todos agolpados alrededor del viejo radio soviético marca Selena cuyo alcance permitía escurrir por su bocina, aún con meridiana debilidad, la señal de Radio Exterior de España y su fantástico, inolvidable Tablero Deportivo. Era entonces el fútbol aquí, en esta isla eminentemente beisbolera, la droga de los raros, el efecto anómalo de muchos tozudos que no quisieron esperar el arribo de la moda para amar al deporte más universal.
Así, entre unos y otros, vecinos y forasteros, culés y madridistas, negros y blancos, altos y bajos, compartíamos la endeble llegada de la señal y casi musitábamos nuestras ideas para alcanzar a escuchar, al menos, el inconfundible ruido del dial al recibir la noticia de un gol. Hicimos parte de nuestras ilusiones las voces incomparables del gran Chema Abad, acaso el menos conocido de las grandes gargantas que han contado alguna vez un partido, monstruo de los micrófonos, O el posterior Antonio Muelas, cuya espectacular batalla con Germán García era casi tan atractiva como el juego per se.
Ahora que lo pienso, sería impensable regresar a aquellos tiempos «gloriosos» en que la señal se retiraba de nuestro portal en los momentos importantes, o cedía su espacio al ilustre sonido de nuestra Radio Reloj, querida pero indeseable durante los 90 minutos en que solo el eco de Exterior de España era bienvenido. Todos moviendo la antena para encontrar el punto en que se acercara a la nitidez… los gritos de gol en conjunto, los Selena compitiendo con los VEF y las pantallas reflejando solo bolas y strikes.
Y no hay día en que atado a la señal HD de mi modesto Samsung de 29 pulgadas deje de escuchar, entre el carisma de otros cracks de la narración, aquellos chillidos de euforia de Muelas y Germán. Los echo mucho de menos.