EL LEGADO DE LAS LEYENDAS. (PARTE I)

A BALÓN PARADO
La columna de Alejandro Céspedes Morejón

El fútbol es como la vida, golpeas bien la pelota y no siempre es gol.

Esta semana el mundo del fútbol quedó deslumbrado por un hecho inédito, hasta que se demuestre lo contrario, en la excitante figura de Ianis Hagi. El talentoso jugador marcó dos penales en un mismo encuentro, cada uno con piernas diferentes.

Ianis es hijo de George. Uno de los mejores futbolistas del mundo en las décadas de los ochenta y noventa. El primero al que le pusieron un apodo con apellido de Diego: el Maradona de los Cárpatos.

El chico nació en Turquía en el año 1998, cuando su progenitor marcaba sus últimos goles en el Galatasaray, pero defiende los colores de Rumania, la tierra de sus padres y que lo vio crecer junto a su familia y el vestigio del fútbol gitano que contagió a más de uno en las últimas décadas del siglo pasado.

Con 1.78, no es un jugador veloz en su conducción, pero tiene el regate preciso y el descaro perfecto para desparramar rivales antes de dar pases clarividentes o desenfundar disparos potentes de media y larga distancia. Con una técnica muy pulida que le permite un notable alto en el juego a balón parado. Faceta, que como las anteriores, llegan al nivel de asombro cuando Ianis Hagi es capaz de hacer todo con las dos piernas.

Al parecer el hijo de la leyenda rumana salió con el cartel del padre, pero desea labrar su propio camino sin el peligro de la precocidad. Hoy en día juega en el Gent de la liga belga llamando la atención de muchos pero concentrado en perfeccionar su juego tras su paso por la Fiorentina. Ahí fue compañero de otro imberbe irreverente que desea emular a su padre, Federico Chiesa.

Si Ios Hagi tienen rasgos similares, los Chiesa son clones, y no solo por el parecido físico; pues Enrico fue un delantero con mucho gol, al punto de ser el primero de esos italiano que fueron capos cannonieris en Serie A con más de 30 abriles (Di Natale, Del Piero, Luca Toni), cuando pocos creían posible ese rendimiento.

Como su antecesor, Federico ha comenzado jugando como un delantero que se mueve desde la banda para aprovechar su velocidad y sus cambios de ritmo, los cuales se adosan de un muy buen regate y disparo potente. Pero a diferencia del Señor Chiesa, no tiene tanto gol; algo debatible ya que la Fiore no tiene el nivel que disfrutó su papá, ni juega aún como delantero nato y debe madurar mucho más.

Por ahora parece establecerse en la selección nacional italiana y para cuando termine su contrato ya es la primera opción de los grandes del Calcio y más allá.

Entre los gigantes nacionales que aspiran a que Federico Chiesa defienda su uniforme está el AC Milan, una de las bestias nobles de Europa que hoy sobrevive en las penumbras del Calcio y trata de curar las heridas que las malas gestiones directivas le han provocado en su palmarés deportivo.

Ese equipo de majestuosa historia tiene sus esperanzas cifradas en el apellido Maldini. Un legado de culto para esta institución. Paolo, Il Capitano, hijo de Cesare Il Allenatore, dirige la gestión del club de sus amores mientras ve crecer en el equipo primavera a Daniel, el menor de sus dos varones.

En estas épocas convulsas para los rossoneri, donde los jóvenes canteranos no tienen muchas oportunidades, la figura de Daniel Maldini cobra fuerza desde que salió a la luz pública con 17 años en una copa de pretemporada frente al Bayern Munich en el Allianz Arena, hace unos meses.

A diferencia de su padre, Daniel juega como volante de creación pero con cierto nivel de sacrificio para hacer honores a papá. No es lento, tiene una buena capacidad para esconder el balón y gran talento para asistir a sus compañeros. Lo que hace pensar que su futuro en el primer nivel estaría más en la zona de gestión de juego que cerca de los delanteros, pues su pegada de media y larga distancia es brutal, sobretodo a balón parado.

Pero esto dependerá del técnico que lo asuma, y como a los demás, los podremos analizar mejor «a balón parado».

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