MEDIA VOLEA
La columna de Ernesto Amaya Esquivel
En tiempos de reguetón cualquiera es músico. Me incomoda todos los días escuchar a los que «saben de fútbol» confundir a Mateja Kežman con un whisky. Mi onda es la de Buena Fe, amo las viejas glorias.
«No diría que fui el mejor entrenador. Pero sí estaba dentro del Top 1». (Brian Clough)
Hablar de Nottingham Forest en la actualidad es referirse a un equipo “chico” adaptado a andar divagando en la segunda y tercera división de Inglaterra con malos resultados y muy lejos de las glorias de antaño. Lo más notable y que trasciende en su entorno es que están enclavados en el bosque de Sherwood donde Robin Hood se hizo leyenda.
Ubicados al este de Midlands, los rojos marcaron un antes y un después en la antigua First Division. Sus partidos ante Derby County constituyeron, en su momento, una de las principales atracciones del fútbol mundial. Han pasado los años y quizás lo que escribo, por un tema generacional, parece una locura pero una vez Forest fue grande.
En la rica historia del club hay un hombre que merece el crédito entre los encumbrados del más universal, Brian Clough: borracho, polémico, mujeriego, pero sobre todo ganador, ya que supo plantarle cara y dominar a Liverpool, Manchester United, Leeds United, Derby County y otros conjuntos fuertes por aquel entonces. Su magia en los banquillos era capaz de catapultar al once más desconocido a planos estelares.
Con el inglés al mando los muchachos del bosque ganaron dos Champions consecutivas (1979, 80) con solo tres participaciones, una liga (1978) y algunas copas (1978, 79, 89 y 90). Todo esto luego de ascender a la primera división tras varios años hundidos en segunda. Lo curioso de los títulos mencionados es que son el único elenco de Europa que tiene más Champions ganadas que ligas conquistadas. Se dice fácil pero no lo es.
Muchos jugadores marcaron época en la institución: Peter Shilton, Colin Barrett, Kenny Burns, John Robertson, Trevor Francis, Martin Oneill, y otros tantos que solo navegaron en el barco de las victorias y se perdieron entre los vítores del éxito. El mítico Roy Keane y el oportunísimo Teddy Sheringham fueron otras de las estrellas que prestigiaron al Nottingham en la década del 90.
Lo del club es una historia rara que hubiese deseado vivir, pero no tuve la dicha de haber nacido por aquellos tiempos. Imagino el ambiente antes de cada juego, los constantes roces de Clough con sus rivales y los dardos envenenados que lanzaba a la prensa tras cada éxito o fracaso. Al menos sentí parte de esa sensación con el documental I believe in miracles que narra muy bien lo sucedido en aquel entonces.
Es una historia que merece más, que necesita ser recordada cada vez que se hable de fútbol porque no sabremos cuando sucederá un fenómeno similar. La valentía, los deseos y la convicción de aquel grupo de jugadores figuran entre las principales hazañas deportivas del siglo XX.
La historia indisoluble entre Brian y Forest duró 16 años y hubo de todo: broncas, desavenencias con la directiva, escándalos sexuales, trifulcas con los jugadores, copas levantadas, derrotas inesperadas pero lo que nunca faltó fue la pasión y el deseo de ganar. Tanto se necesitaron el uno al otro que cuando rompieron vínculos jamás fue igual. El club volvió a su rutina perdedora y él se hundió en tragos y cantinas hasta perder la vida.
Hoy solo queda la leyenda de un equipo ganador, la estatua de Clough en las afueras del City Ground, una señalética con su nombre que indica la intercepción de sus ciudades preferidas Nottingham y Derby y se comenta que cuando el club pierde la voz ofuscada de Brian se escucha por los vestidores y pasillos.