SAN SIRO PER SEMPRE

CATENACCIO
La columna de David Rodríguez Copa

«Cuando un italiano me dice que hay pasta en el plato, miro debajo de la salsa para asegurarme. Son los inventores de las cortinas de humo». (Sir Alex Ferguson)

Hoy quiero dedicarle mi columna a un inmueble. Sí, tal cual está leyendo. Cuando hablamos de fútbol es común que citemos, en su mayoría, nombres de jugadores, técnicos o directivos que rodean al balompié mundial. Pero, ¿cuánto tiempo le dedicamos a hablar del lugar de los hechos, en donde los regates toman vida y los goles sacan el aliento al más frío de los hinchas? ¿Cuántas veces tenemos en cuenta un estadio que alberga sesenta mil almas que suspiran por poco más de 90 minutos?

El Estadio Giuseppe Meazza, una de las catedrales del fútbol mundial y europeo, hogar de uno de los mejores derbis del mundo, en unos años dejará de existir. La semana pasada Inter y Milan, las dos instituciones que cada fin de semana saltan a la grama del estadio de la barreada de San Siro, dieron pie a la presentación de las dos propuestas finalistas para la construcción de la nueva planta deportiva que estará solo a escasos metros de la actual, estadio que los clubes históricos de Milán continuarán compartiendo justo como en la actualidad. Una de las dos modernas propuestas es llamada «La Catedral» y estaría inspirada en el Duomo de Milano, con capacidad para alrededor de 65 mil espectadores. La segunda es denominada «Los anillos de Milan» y como su nombre lo indica, está formada por dos anillos que se entrelazan para dar forma al estadio y la capacidad sería de 60 mil asientos.

El gran problema es que el Meazza será demolido, por ello los tifosi tanto en el país de la bota y a nivel mundial están totalmente divididos. Algunos alegan que hay que dar pase a la modernidad, con lo que estoy de acuerdo, otros se aferran a la casa que tanta gloria les dio, al teatro donde vieron obras magistrales y en donde disfrutaron, lloraron y rieron con algunos de los jugadores más grandes de la historia.

El Giuseppe Meazza se empezó a construir en el siglo pasado, en 1925, en el distrito de San Siro como mencioné antes, de ahí le viene uno de sus nombres, ya en la década de los 80 adoptó su nombre actual. El Meazza es un estadio con la máxima categoría de la UEFA, ha sido sede de una Euro (1980) y de dos Copas del Mundo (1934 y 1990). Igualmente, el estadio, ubicado en la región de Lombardía, ha vivido sobre su césped y dentro de sus paredes cuatro finales de Champions League. La primera fue en 1965, en la cual el Inter logró algo poco habitual, llegar a la final en su propio estadio, ya que en las 64 ediciones que se llevan disputadas hasta el momento, únicamente en cuatro de ellas el equipo en cuyo estadio se jugaba la final la acabó disputando y solo dos lograron alzar el trofeo. La escuadra neroazzura había sido campeón el año anterior y eso permitió que la final se jugara en su campo. Su rival fue el Benfica y el memorable partido se definió gracias a un solitario tanto de Jair da Costa, quien daba su segundo entorchado a los transalpinos, que por aquella época eran guiados por «El Mago», Helenio Herrera.

Para los amantes del fútbol es una noticia triste que el estadio de la localidad de San Siro desaparezca. Más que una simple plaza futbolera es un icono mundial, un inmueble histórico reproducido en videojuegos y crónicas, pero la modernidad lo devorará como paso como con el Wembley, el Rasunda y el Vicente Calderón. Con él, los peregrinos del fútbol en Milano cambiarán el destino de cada fin de semana. Ahora tendrán otro lugar sagrado, más innovador y mucho más moderno, que deberá ganarse el fervor contenido hasta hoy en el Meazza. Muchos se negarán a olvidarlo, otros tanto llevarán siempre en su mentes las vivencias en algunos casos estremecedoras allí adquiridas. Yo lo recordaré con nostalgia, con un ensordecedor grito de gol y con el humo espeso y asfixiante de las bengalas lanzadas por los tifosi de ambas curvas.

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