COURTOIS, NAVAS Y LA NOVELA DE FLORENTINO

PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez

La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista.

Sin alharacas, con la simple pero importante virtud de cumplir correctamente sus funciones, Thibaut Courtois dignificó un poco más -si se puede- su lustroso currículum durante los años bajo los arcos de Stanford Bridge.

Quería el Chelsea un portero a la inglesa (alto, buenos reflejos y juego aéreo impoluto) y encontró en el belga un cerrojo muy necesario tras la marcha del mítico Petr Čech al otro lado de la cancha londinense. Durante su período blue, pocas manchas pueden achacarse al espigado belga.

Keylor Navas limpió todas las suciedades de la defensa merengue durante un lustro. Casillas, el santificado arquero blanco durante más de una década, dejó el listón a la altura que rebasó Sotomayor en Salamanca. Casi un imposible emular su legado. El tico, sin embargo, no solo fue capaz de erradicar cualquier murmullo en la siempre exigente parroquia vikinga, sino que durante su estancia levantó tres Champions, siendo decisivo en muchos partidos importantes. No es el latino el llamado portero perfecto (su juego con los pies dista mucho de ser el ideal y resuelve con reflejos de felino sus carencias en cuanto a ubicación) pero, ora por fortuna, ora por talento, supo responder con acierto ante cada situación embarazosa.

Dos nombres para una sola novela: Keylor y Courtois. Los protagonistas del relato escrito por el señor Florentino Pérez no han sido más que las víctimas de este macabro negocio futbolístico que tiene muchísima menos memoria que intereses financieros y ha terminado llevando a Courtois al Bernabéu y a Navas al Parque de los Príncipes, para desatar de un tajo la ira del madridismo. Y así, con la mochila de la presión aplastando su espalda por jornadas, el bueno de Thibaut ha pasado de ser un arquero de referencia a un guardameta del montón. Con razón o sin ella, el aficionado lo ve de otra manera.

Analizar esto a nivel deportivo sería una decisión interesante. ¿Realmente tiene Courtois la culpa la mayoría de los goles del Madrid, pese a la endeblez defensiva desnudada una y otra vez? ¿Acaso es Navas el arquero invencible que pintaron por levantar tres orejonas? La respuesta, en todo caso, nos la podríamos haber ahorrado si hace par de años, en medio del embrollo mediático habitual cuanto a fichajes, la noticia de la firma de Kepa Arrizabalaga por el Madrid hubiese sido cierta. El Chelsea vuelve al ruedo en esta historia y tiene en su cabaña al hombre capaz de terminar con este debate. Con él en el Bernabéu, presumo, todo sería distinto. Pero el fútbol es tan poco sensato que a Florentino le dio por escribir su novelita. Y ya ven cuánto drama le puso…

Deja un comentario