CUESTIÓN DE FE

BALÓN DIVIDIDO
La columna de Javier Arguelles

La diferencia entre el triunfo y el fracaso depende más de lo que queremos creer de los goles marcados o no marcados en los que la suerte es el factor determinante.

La diferencia entre los grandes clubes y el resto es que en su diccionario no existe la palabra fracaso. Ellos nunca salen al campo pensando que la derrota es una opción. Nunca se rinden ni bajan los brazos. En muchas ocasiones llegan hasta creer que con el escudo pueden ganar y a veces hasta lo logran.

Pep Guardiola sin duda cuenta con una plantilla maravillosa en el Manchester City. Una nómina que le permite desarrollar y potenciar su estilo. Gracias a esto ha logrado dominar la Premier, pero el asalto a la grandeza continental se les resiste. Y es que el técnico de Sampedor llegó al club citizen para dotarlo de un estilo pero también de una mentalidad que todavía le falta. Es esa irreverencia, y hasta cierto punto una actitud autosuficiente que tienen los grandes equipos cuando salen a competir, lo que le falta a su City.

Esta mentalidad no solo la tienen que poseer los jugadores o el cuerpo técnico, sino también todos los que estan involucrados con el club. Desde los cocineros, hasta los directivos y por supuesto la afición. Esa mentalidad lleva años alcanzarla, se construye con la historia y con la repetición de los éxitos. La gran diferencia entre el Liverpool y el City se puede ver reflejada en sus estadios y en la manera que tienen de vivir las situaciones complejas; como en Anfield nunca paran de creer y en el Etihad siempre hay dudas.

Seguramente el club que mejor ejemplifica esta mentalidad sea el Real Madrid. Tal parece que en el Paseo de Castellana creen que ganar es un derecho divino que les corresponde. La piedra sobre la se fundó la historia del club blanco es sencillamente la victoria. Su memoria colectiva está llena de hitos y de triunfos y no ven la vida de otra manera que no sea levantando trofeos.

Esta fe también se puede ver reflejada en la irreverencia del Ajax. Sin dudas su capacidad económica no les permite competir con los mejores. Pero su historia pasada es tan grande que las enseñanzas que les llegan a sus jugadores jóvenes son de ser siempre ambiciosos, descarados, valientes.

Para ganar hay que creérselo, no dudar nunca, ser valiente. Por eso es tan difícil sumarse a la realeza futbolística por mucha inversión que se haga, porque el cambio más complejo no se trata de táctica o de estilo de juego sino de mentalidad. En muchas ocasiones la diferencia es una cuestión de fe.

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