CATENACCIO
La columna de David Rodríguez Copa
«Cuando un italiano me dice que hay pasta en el plato, miro debajo de la salsa para asegurarme. Son los inventores de las cortinas de humo». (Sir Alex Ferguson)
Muchos piensan que el valor de un equipo está en el precio de su plantilla pero la realidad es que el fútbol se juega once contra once y pueden suceder muchas cosas. Ejemplos hay miles; uno reciente, y de los más llamativos, es el de Portugal en la final de la Eurocopa. Jugando con el público en contra, ante el favorito y en sus predios.
Con solo minutos de iniciado el encuentro que definiría el portador del cetro europeo, la máxima figura del conjunto lusitano, y por ende la de más valor, tiene que abandonar el verde por una lesión. Con la salida de Cristiano todo parecía imposible pero el juego colectivo, la convicción, el buen hacer y un poco el azar, cambiaron el final de la historia. La misma fue decidida por un jugador como Éder, del cual su precio es muy bajo y hoy juega en la fría Premier rusa, además de estar lejos de ser figura del conjunto en el que se desempeña. Nada de esto impidió que el sueño portugués se hiciera realidad.
Hoy el Atalanta de Bérgamo vive una fantasía, la cual han logrado ni por el precio ni el valor de su plantilla sino a base de tesón, esmero y mucho trabajo. Y lo mejor es que la mayoría de los fanáticos del club todavía sueñan con más. El conjunto neroazurro ha sido relegado de la Serie A tres veces en este siglo XXI, por lo que ha desafiado las probabilidades de llegar hoy a donde esta. Hay que decir que el Atalanta disfruta de su primera prueba en la Liga de Campeones en sus 112 años de historia, experiencia que dicho sea de paso no va dando los resultados que espera la directiva, pues en un torneo como la Champions, la experiencia y otros factores pesan y mucho.
En los últimos años emprendieron un viaje hasta lo mas alto de fútbol italiano, travesía llena de retos para el pequeño club con sede en Bérgamo, una ciudad enclavada en los Alpes en el norte de Italia, y que vivirá en la memoria del calcio en aquel país. Es uno de los últimos cuentos de los desvalidos. Atalanta descendió de la Serie A en 2003, 2005 y 2010 y les costaba muchísimo terminar entre los 10 primeros de la tabla, pero todo eso antes de que Gian Piero Gasperini fuera nombrado DT en el verano de 2016, después de su experiencia con el Genoa. La elección de Gian Piero por la directiva fue vista con reservas y jamás se esperó ese salto de calidad tan grande del equipo. El inicio estuvo lejos de ser bueno; Gasperini había perdido cuatro de sus primeros cinco partidos a cargo y se temía que fuera despedido, tal como le había pasado durante su estadía en uno de los gigantes italianos, el Inter de Milán en 2011. «Estaba a punto de ser despedido, es verdad». Comentó el técnico italiano tiempo después. Pero después de hacer algunos cambios drásticos en su formación la noche anterior, Atalanta terminaría venciendo al poderoso Napoli de la Serie A por 1-0. La victoria fue tan significativa que el equipo fue recibido por miles de fanáticos en el aeropuerto de Bérgamo. La revolución había comenzado y tres años después, continúa.
Ayer el conjunto bergamasco jugó por primera vez en lo que va de temporada en casa, en el Gewiss Stadium, aún en obras de remodelación. El histórico estadio polideportivo Atleti Azzurri d’Italia, que albergó los partidos del Atalanta desde 1928, fue modificado para convertirlo en una instalación fresca y moderna, que pierde su nombre después de que el club se hiciera con la propiedad del inmueble, algo más que complicado de lograr en Italia. Hablamos de un equipo que su margen y su velocidad de crecimiento aumentan cada temporada, en el primer año de Gasperini. Sí bien sólo pudieron lograr un séptimo lugar, se ganaron jugar una previa de Europa League, la cual solventarían y serían emparejados en un grupo más que complicado, el cual pasarían con relativa facilidad, derrotando a equipos como Everton y Lyon, antes de ser eliminados en la ronda de 32 por los gigantes de la Bundesliga, el Borussia Dortmund.
La directiva de los de Bérgamo trabaja a todos los niveles, institucionales, deportivos, de desarrollo de jugadores, y esto le ha garantizado un gran éxito. De sus filas en los últimos años han salido jugadores que hoy son importantes en la Serie A, como Franck Kessie y Mattia Caldara, Leonardo Spinazzola, Andrea Petagna, Brian Cristante y otros más. Ha consolidado un equipo con jugadores que bajo las ordenes de Gasp ha llegado a su mejor rendimiento, como Duván Zapata, que rompe cada año las marcas del conjunto. Este no fue la excepción pues superó la cuota goleadora de un histórico del cuadro de Bérgamo como Filippo Inzaghi, con las 28 dianas de la temporada pasada.
Hoy el valor del plantel ronda los 252 millones de euros, el puesto 14 entre los 32 equipos que participan en la Champions, pero el cuadro de la Diosa tiene un valor mucho mayor, el valor de la perseverancia, del trabajo y la superación constante. Partieron de cero y no demoraron mucho en recuperar la categoría de Diosa que la mitología le dio a Atalanta. Cuenta la leyenda que el padre de la heroína quería solo hijos varones, y por ello, la abandonó a su suerte. Una osa la cuidó hasta que Atalanta se convirtió en una bella y ágil mujer. Se enfrentó a varios peligros los cuales solventó con relativa facilidad y ahí radica su fama. Quizás por eso, tanto jugadores como directivos del conjunto neroazzurro que hoy visten con orgullo la maglia de Atalanta, encarnen esta historia mitológica de superación a la perfección.