AL PRINCIPIO FUE EL BALÓN
La columna de Magol Alejandro Valdés
«Durante el séptimo día, Dios se dio cuenta de que faltaba algo y dijo: ¡Que haya fútbol!
Y vio que era bueno.
Creó además el balón para que todos tuvieran las mismas oportunidades.
Y entonces, al ver que su creación estaba completa, Dios descansó.»
El primer recuerdo que se tiene de Mauricio Pochettino en el mundo del balón es el de aquel niño argentino de 14 años, a quien Marcelo Bielsa -en medio de su cruzada por todo el país en busca de talentos- destapó su sábana para comprobar si su físico era el que le habían contado.
El último, el de su expresión severa enfilando el túnel de vestuarios del nuevo White Hart Lane, luego del 2-7 fatídico frente al Bayern Munich el pasado martes. Entre medias, con la línea de banda como aserradora moral y sentimental de sus principios, descansa una carrera futbolística ligada a ciertos valores irrenunciables y a una minimización popular -casi folclórica- de sus virtudes como profesional, debido en gran medida a la ausencia de trofeos importantes.
Tal vez los que hayan seguido superficialmente su recorrido aún tengan estereotipado al argentino por ser «el tipo que le hizo el penalti a Owen» durante el mundial asiático, o quizás por «no haber pertenecido nunca a un equipo de la clase alta europea». Ya sabemos que en la sociedad futbolística actual la demonización es más atractiva que la adoración, sobre todo para aquellos que -como Pochettino- nunca han estado interesados en crearse un personaje más allá de la persona. A lo mejor por esa razón Mauricio jamás volverá a ser quien lograra llegar a una final de la Copa de Europa con un equipo menor, sino aquel al que el Bayern de Kovac diera un repaso histórico, aún compitiendo de tú a tú con la bestia y tratando de contradecir los vulgares supuestos de un ciclo terminado en plena construcción.
Para entender y adjetivar mejor la trayectoria de Pochettino -más allá de lo que el propio técnico haya podido demostrarse en la práctica- habría que aceptar la influencia de Bielsa en sus intenciones, no tanto en lo táctico sino en lo formativo. Después de tantos conceptos bielsistas asimilados, el santafesino se ha mostrado a lo largo de los años curiosamente como un posibilista con escasas probabilidades de reconocimiento. Cada día me da la sensación de que somos tan injustos con el Mauricio entrenador, que no nos damos cuenta siquiera de la cantidad de años que lleva construyendo en silencio la historia del Tottenham; aún sin la ayuda de la propia historia del Tottenham.
Luego de la hecatombe de Londres es muy probable que Pochettino esté asociando la localidad en que nació -Murphy, para los despistados- a la curiosa ley del mismo nombre, la cual tiene como adagio el más grande de los preceptos pesimistas: «Todo lo malo que pueda suceder, sucederá». Seguramente en estos momentos de zozobra el ex jugador de Newell’s -a quien apodaban el Sheriff, por cierto- esté pensando en que no sea tan casual la casualidad de semejante inicio de temporada. Si pudiera hablarle a Mauricio quizás le diría que lo malo ya no pasará porque sencillamente nunca pasó. Lo malo hubiera sido perderse todo esto y no arriesgarse, o acaso negar los fundamentos de aquel loco que destapó su sábana para iniciarlo en este viaje, el cual ha transitado -como los buenos sheriffs- implantando su ley sin apenas sentirse.