THE OLD OR NEW SHIT

TOQUE CORTO
La columna de Jose Eduardo Borrego Zaldivar

Gamer, geek, nerd, pero sobre todo cubano que vive y muere por el fútbol. Sus cicatrices lo demuestran.

Hace un tiempo atrás discutía -educadamente- con un amigo inglés que argumentaba que él extrañaba el “viejo fútbol”. Aquello me resultó extraño por dos motivos: mi amigo es demasiado joven como para haberlo visto, y por esa misma razón -su juventud- me chocaba que no hinchara por alguno de los grandes clubes y si por uno más modesto que intenta ascender temporada por temporada.

Pero continué indagando, necesitaba saber qué era para él aquel viejo fútbol y el porqué de esa añoranza por momentos casi romántica, de algo a lo que nunca asistió. “Antes el football era más sencillo, más cercano, más de la gente”, y seguía, “lo sé porque mi padre me cuenta sus historias”; “ahora solo importa el dinero y nada más, se ha perdido la esencia”. A partir de ahí enseguida entendí, justo como las más antiguas costumbres, las tradiciones pasan de padres a hijos y se crea un vínculo muy fuerte con algo a veces tan banal como el fútbol. Algo tendrá supongo.

Pero para alguien que vive en la cuestión, que semana a semana va -local o visitante- a donde juegue su equipo, sin dudas para él el fútbol se siente y se vive más intensamente. Quizás eso le da un derecho exclusivo de “exigir” determinadas cosas.

Enseguida le repliqué que, aunque coincido con él, también creía que este es el fútbol que nos ha tocado asistir, y del cual su club también forma parte. Es lo que le permitía competir año tras año en búsqueda del ascenso soñado a la Premier, que permitía mantener las instalaciones y los equipos juveniles. Este fútbol llevado como un modelo de negocios, obliga a los clubes a ser competitivos tanto en la cancha como en las oficinas.

Mientras que mi amigo continuamente desaprobaba mis razones +lo cual era respetable- yo proseguía argumentando por qué este modelo también genera progreso. Le explicaba que este es el fútbol que ha permitido que millones disfruten en casa sin importar las distancias, el de la Champions y la final del Mundial. Pero también sigue siendo aquello que da a miles de niños un hobby, y -con tiempo y esfuerzo- un sueño: ya sea convertirse en profesionales o jugar por su país en una Copa del Mundo.

Sueños aparte, no podemos pecar de ingenuos, este es el mismo fútbol que ha visto como desaparecen equipos históricos por las deudas adquiridas por malas administraciones. De adquisiciones por parte de dueños con el fin de lucrar a costa de la institución. De ser testigos de escándalos de amaños de partidos y federaciones corruptas. Ese también es este fútbol que llamamos moderno. Las cosas como son, diría un grande de la comedia en Youtube.

Al final, ni blanco ni negro, como casi todo en la vida son los tonos grises los que predominan. Pactamos las tablas y nos dimos cuenta que la inocencia fue perdida hace mucho. Irrecuperable o no, este nuevo modelo tiene ejemplos de prácticas eficientes tanto en lo económico como en lo deportivo. Todavía existen los llamados clubes de cantera, llevados a su máxima expresión en el Athletic Club vasco; u otros quizás como Borussia Dortmund, Arsenal, Tottenham o el Anderlecht, por poner un puñado de ejemplos.

Sin dudas es -virtualmente- imposible a estas alturas generar un proyecto competitivo sin monetizar el fútbol, buscar patrocinadores o gestionar presupuestos; pero estructuras democráticas o directivas comprometidas con una visión de club sostenible siempre serán aplaudidas por la afición. Este es el nuevo fútbol. This is the new shit.

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