EL LEGADO DE LAS LEYENDAS. (PARTE II)

A BALÓN PARADO
La columna de Alejandro Céspedes Morejón

El fútbol es como la vida, golpeas bien la pelota y no siempre es gol.

Justin es hijo de Patrick Kluivert y anda buscando curtir su estirpe en la Roma tras llegar del Ajax con muchas luces. Pero su paso por el Calccio no ha sido muy estable. Quizás va en la sangre, pues a su padre le sucedió algo parecido como «calciatore».

Su regate por ambas bandas y la velocidad punta que atesora, aumentan sus posibilidades de buscarse la titularidad a pesar de su baja estatura. No obstante en un equipo que trata de apostar por un fútbol «calciofensivo» (un pequeño aporte terminológico), el talentoso tulipán debe potenciar su capacidad asistidora y pulir su puntería, ya que el gol no es su principal virtud.

A sus 20 años, Justin Kluivert sueña con jugar en La Liga, principalmente en el Barcelona, un torneo que también es deseado por Giovanni Simeone mientras su padre siga al frente del Atlético de Madrid.

El hijo mayor del Cholo campea por su respeto en el Calcio y ha logrado marcar en la selección nacional argentina en sus primeras convocatorias. Su apellido, como a los demás herederos, le funciona como carta de presentación, pero él quiere escribir su propia historia; noo obstante, el ADN del cholismo le sale en cada presentación.

El Cholito -como le apoda la prensa- no es alto ni tan veloz, pero sí aguerrido, por lo que en la cancha el aficionado lo ve con ojos de pura sangre, muy parecido a cómo era su padre. Quizás, por esa característica es que sin ser titular absoluto en la Fiorentina, Genoa y Cagliari, tenga buenos registros goleadores jugando desde tres cuartos de cancha adelante en equipos de armado rápido, sin dejar de sacrificarse en defensa.

Puede que si Giovanni va a otra liga evolucione en su juego, como lo intenta hacer Marcus Thuram en el Borusia Mònchengladbach.

El hijo del recio defensor francés, Liliam Thuram, es alto, rápido y fuerte; puede jugar en banda porque posee buen regate pero en la zona cercana a la portería está su confort.

Marcus va bien de cabeza, en las dos áreas, asiste con facilidad, llega siempre a apoyar la jugada de gol y tiene un disparo potente. En el fútbol francés llevó galones a pesar de su juventud, destacando como gran penalero. Ahora en Alemania debe reinventarse para refinar sus capacidades y los registros goleadores si desea llegar a ser un referente en la absoluta blue.

El salto de Marcus Thuram al Mönchengladbach fue cubierto simbólicamente en la liga francesa con otro de los descendientes de alta alcurnia: Timothy Weah.

Nacido en Estados Unidos, el hijo del mítico liberiano George Weah, pasó de la academia del New York Red Bull a la del PSG francés, quién a su vez lo prestó al Celtic y ahora recae en el Lille, donde aspira a tener minutos de primer nivel.

Su apellido pesa un continente, por lo que quemar etapas no ha sido prioridad en su evolución. Con 19 años, sus mejores presentaciones han sido con la sub 20 de las barras y las estrellas. Ahí ha explotado su estatura y largas extremidades para cubrir el balón y traspasar rivales con su regate «zlataniano», que lo combina con una gran zancada y fuerte disparo.

Timothy Weah no destaca por su juego aéreo ni asociativo, pero a diferencia de su padre -que jugó en el AC Milan de Sacchi y fue el primero en ganar todos los premios individuales del fútbol mundial en la misma temporada- tiene un margen de mejora bien grande para este último aspecto, que le puede valer para destacar si encuentra, como aspiran los demás herederos, el DT que le haga explotar sus condiciones.

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