L’AEROPLANINO, EL JOVEN Y EL VIEJO

BALÓN DIVIDIDO
La columna de Javier Arguelles

La diferencia entre el triunfo y el fracaso depende más de lo que queremos creer de los goles marcados o no marcados en los que la suerte es el factor determinante.

Este verano Vincenzo Montella y Frank Ribery se juntaron con Federico Chiesa en la Fiorentina. Los tres tienen ante sí intentar devolverle la sonrisa al Artemio Franchi. Los directivos de la entidad viola armaron esta santísima trinidad en busca de olvidar la última temporada que cerró con doce partidos sin conocer la victoria y la posibilidad de irse al descenso en la jornada final.

Tras la llegada tardía de Ribery al club, Montella decidió no incluirlo en el once inicial en las dos primeras jornadas de la Serie A. El 4-3-3 que puso en liza el técnico napolitano naufragó con dos derrotas y la sensación de la temporada anterior de fragilidad defensiva. Para la jornada tres contra la Juventus, Vincenzo decidió cambiar de esquema, pasando a un 3-5-2, y dándole su primera titularidad al viejo Frank. El bloque medio-bajo y la movilidad constante de la pareja Ribery-Chiesa pusieron en jaque al campeón de Italia hasta obligarlos a firmar el armisticio a cero.

El experimento se le convirtió en certeza a Vincenzo y después de ese encuentro lo ha utilizado en los siguientes cuatro compromisos ligueros, consiguiendo un empate ante el Atalanta y victorias consecutivas sobre Sampdoria, Milan y Udinense. El 3-5-2 le ha brindado la solidez defensiva que andaba buscando y muchas soluciones en ataque. La dupla que forman el viejo Frank y el joven Federico, sin ser ninguno de los dos finalizadores puros, genera el caos suficiente para desarticular los entramados defensivos rivales.

Ribery, sin la capacidad física ni la velocidad de antaño, sigue teniendo un cambio de ritmo infernal y los años le han brindado la sapiencia de manejar los tiempos. Sabe cuándo acelerar, regatear, encarar el arco rival o jugar de primeras hacia atrás simplemente para mantener la tenencia del balón. Chiesa por su parte es más vertical, más potente, puede tirar desmarques todo el partido.

Ambos han formado una sociedad que siempre esta lejos del área, siendo indetectables para los defensas contrarios. El hábitat natural de Frank es entre líneas, buscando generar superioridad por dentro, en tanto Chiesa busca explotar más al espacio. Sus movimientos lejos de la zona común del nueve permiten en muchas ocasiones que los buenos centrocampista de la Fiore pisen el área rival.

Sin dudas la capacidad táctica de Montella y el talento que conforma la pareja Chiesa-Ribery hacen que en estas siete primeras jornadas se respire un mejor aire en el Artemio Franchi. Han puesto a soñar a la afición viola con la posibilidad de competir por entrar en competiciones continentales. Pensar que disfrutaremos mucho tiempo de este trío suena a quimera pues al francés el reloj le hace un guiño cada vez que lo mira -diciéndole que su tiempo se está acabando- y por su parte, a Chiesa cumbres más altas lo están seduciendo.

Mientras dure, aprovechemos al máximo el fútbol que nos pueda regalar esta sociedad formada por el Aeroplanino Vincenzo, el Viejo Frank y el Joven Federico.

Deja un comentario