TOQUE CORTO
La columna de Jose Eduardo Borrego Zaldivar
Gamer, geek, nerd, pero sobre todo cubano que vive y muere por el fútbol. Sus cicatrices lo demuestran.
Nunca podría haber llegado a ese balón. Lo sabía bien, y casi como un mantra se lo repetía una y otra vez para convencerse que no había sido culpa suya. «Pero si te han gozado», le diría algún púber de mi isla. Pero él sabía -desde el inicio de la jugada- que esa pared era primero indetectable, luego indetenible. Resignado, agacha la cabeza e intenta entrar de nuevo en el juego. «Parate y seguí, nene», le habría gritado algún entendido argentino.
Guardiola alguna vez explicó que el fútbol era básicamente triángulos, evidente influencia de la escuela catalana. En otra ocasión habló sobre el recurso del tercer hombre, y cómo la inclusión de este en una jugada a priori clásica en el fútbol como la pared, rompía por completo el equilibrio defensivo rival, vamos que era imparable. Seguramente existía antes, pero fue llevado a su máxima expresión en aquel memorable FC Barcelona de Pep. Era casi un automatismo en sí, pero un verdadero puñal en cualquier pedazo del campo. Se hizo común luego de una secuencia de veinte o treinta pases observar como Messi -simulando una pared- entregaba a “X” compañero y continuaba su desmarque; por fuera un endiablado Alves se infiltraba tras la defensa rival, solo para dar un pase “de la muerte” a una Pulga ya en posición de remate. Llámenme loco, pero esto era puro arte.
Aquel “dilema” del tercer hombre, planteaba un problema de conciencia situacional para cualquier esquema: si ya era difícil aguantar al FCB, se tornaba virtualmente imposible pararles en una jugada fantasma donde maniobraban hasta tres jugadores al mismo tiempo. El jugador que marca tiene decidir entre el(los) jugador(es) o el balón, lo que resulta en un problema de concentración, de sobrecarga informativa. Con el tiempo el Códice Guardiola fue descifrado y sus arcanos secretos sacados a luz. Sus métodos más clásicos, desde el rondo (puramente cruyffista) hasta su sistema de ayudas en la salida, fueron deconstruidos y aprehendidos por la nueva generación de entrenadores alrededor del mundo.
Hace poco tiempo pude notar como Marcelo Gallardo aplica este concepto repetidamente en su River, del cual la prensa especializada afirma está destinado a marcar una época en Sudamérica. Salvando las notables diferencias cualitativas: la esencia está, la intención también, pero el estilo es propio, lo que lo hace doblemente meritorio para el Muñeco Gallardo y su grupo. Una grabación en el último superclásico, revelaba el secreto de Marcelo: «tocá y pasá, tocá y pasá». Nada más que pura movilidad en su juego ofensivo.
El «tirar una pared” con el compañero es uno de esos momentos que definen al futbol tanto o más que el mejor de los regates; una solución tan sencilla como compleja para progresar en el juego ofensivo. Bien podría ser un jugador de Boca el de la escena de apertura. Sea como sea, este recurso o dilema -según se mire- es una de esas pequeñas grandes revoluciones a las que hemos asistido inconscientemente a lo largo de este siglo. El futbol también va, entre otras cosas, sobre los pequeños detalles.