PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez
La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista.
La Segunda huele distinto. Basta con inhalar un fin de semana y descubrir ese tufo a pasto y humildad, a grandes tirados en la lona del fiasco y a pequeños henchidos de orgullo por estar ahí, a un paso de donde siempre soñaron. A un paso de la utopía. Esa es la Segunda División de España, apologizada por los magnates y rebautizada como SmartBank, en una de las tantas infamias que ha debido soportar. Pero la Segunda no se raja.
Es el coliseo donde batallan renegados e irreverentes, arena de fútbol ríspido, visceral, indisolublemente físico, jugado con el cuchillo entre los dientes y tan parecido al juego de antes que podría ser también la Liga de las nostalgias. Hoy vive tiempos dorados, con una grey de grandes adornando su clasificación, horonda de anunciar sus goles en Riazor, El Molinón o La Romareda, y de enjugar las lágrimas de aficiones ganadoras que aún rechazan el barro de una categoría inferior.
Y en el angosto certamen de abajo el Cádiz mira desde el más elevado escalón del Carranza, agarrado a su arte y a su pragmatismo, esculpido con guantes de seda por el señor Álvaro Cervera, cinco años en feudo gaditano y la paciencia suficiente para construir los cimientos de un segurísimo futuro club de Primera. Si las probabilidades no caen en algún foso de la Andalucía fronteriza, los amarillos (Choco Lozano, Juan Cala y el incombustible Jurado al frente) deben escalar al lugar que les corresponde por historia y afición.
A partir de ahí aparecen interesantes proyectos con las herramientas suficientes para consumar su regreso a la Primera. El más potente, a priori, es el Almería del jeque, forjada a base de talonario con jugadores de un talento superior al promedio de la categoría, con un Sekou Gassama inmenso en la punta de ataque y una defensa inconmensurable. Otro serio aspirante al ascenso directo es el mítico Zaragoza, que tras una temporada anterior de espanto logró convencer a Víctor Fernández para comandar un nuevo proyecto en La Romareda, con una plantilla plagada de nombres relumbrantes con Kagawa, Zapater, Pombo, Vigaray y el perforador Luis Suárez, un matador pescado del descendido Nàstic de Terragona.
Estos tres son los favoritos a juicio de este redactor para luchar por las dos plazas de ascenso directo. Sin embargo, muchísimos nombres resaltan en la porfía por los play off: el Albacete de Ramis, el sorprendente Las Palmas de Pepe Mel, el renovado Huesca, el siempre atractivo Rayo Vallecano de Paco Jémez, el Girona de Unzué y el Elche de Pacheta.
Mientras esto sucede, algunos «gigantes» observan de reojo el fondo de la tabla y un espeluznante posible descenso a la B. Se siente el temblor en las hinchadas del Sporting, Málaga, Deportivo, Racing de Santander u Oviedo, todos del puesto 15 hacia abajo. Duele ver a clubes tan grandes en el fondo cuando su meta debería ser volver a la cima. Volver. Esa debería ser la palabra de la Segunda División. “Y aunque el olvido, que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón”. Gracias, Gardel.