CATENACCIO
La columna de David Rodríguez Copa
«Cuando un italiano me dice que hay pasta en el plato, miro debajo de la salsa para asegurarme. Son los inventores de las cortinas de humo». (Sir Alex Ferguson)
Claro que Filippo Inzaghi no necesita una gran introducción. El “hombre que vivía en fuera de juego”, un delantero que en ocasiones podía parecer hasta torpe pero con recursos, un olfato a gol innegable y el arco tatuado entre ceja y ceja. Lo descubrí a principios de siglo vistiendo los colores de la Juventus. Poco después pasó al Milan, en donde encumbró su carrera y terminaría de bañar su nombre en oro.
Su legado en San Siro dejó goles y títulos a raudales, sumado al respeto de todo el gremio futbolero. Una imagen que quedará impregnada en mi retina es la de aquel gol «casi sin querer» pero «con toda intención», tras un disparo de Kaká, en la revancha europea del Milan frente al Liverpool.
El nacido en Emilia-Romagna, en la ciudad de Piacenza, no mucho después de aquel gol y tan pronto colgó las botas, comenzó su carrera como DT. Su experiencia en los banquillos arrancó en el 2012 en las inferiores del Milan, su Milan. El equipo rossonero justo comenzaba a desandar el camino oscuro y triste por el que todavía atraviesa, cuando en 2014 se le dio la pesada y casi imposible tarea de enderezar el rumbo de aquella nave, relevando a un viejo amigo y compañero de viejas glorias: Clarence Seedorf. Pippo, como Seedorf, además de otros que pasaron antes y algunos que han venido después, salieron sin lograr el objetivo.
Las criticas luego de aquella temporada donde el Milan terminó décimo en Serie A no fueron pocas y sí fuertes. Pero sin dudas el campeón del mundo aprendió de esta experiencia, conoció sus potencialidades y carencias como DT. Luego de unos meses de inactividad retomó su carrera como técnico desde la bella y turistica ciudad de Venezia, tomando las riendas del modesto club local. Partiendo desde la Serie C (tercera división en Italia), comenzó a progresar al punto de volar hasta la Serie B, categoría en la que no había competido el club en trece largos años. El buen hacer del ex delantero fue tal que logró ubicara su séquito en el quinto escaño de la tabla general, ganándose el derecho de jugar el play-off de ascenso a la Serie A. El conjunto de la ciudad de los canales por desgracia cayó ante Palermo y el sueño de la Serie A desapareció. Pippo se quedó a las puertas de una proeza mayúscula pues el Venezia no respira el aire del máximo torneo futbolístico italiano desde 2002.
Luego de aquello, ofertas no faltaron. El retorno a Serie A, la categoría donde arrancó como DT, era cuestión de tiempo. El Bologna contrató sus servicios y puso a su disposición un equipo bastante competitivo y del que se esperaban buenos resultados. Pero la experiencia no fue satisfactoria y todo salió mal. Solo dos victorias en 21 fechas dejaron al conjunto rossoblu muy mal parado; felizmente para ellos lograron mantener la categoría tras la llegada de Mihajlović.
Hoy Pippo parece haber encontrado su lugar. El furibundo goleador paradójicamente dirige en la actualidad a un equipo que se puso en el radar del fútbol europeo gracias a un gol de su portero ante su Milan. Aquel gol del arquero Alberto Brignoli, para que el Benevento sumara sus primeros puntos en Serie A, difícilmente será olvidado por especialistas y seguidores del Calcio. Tiziano Crudeli, periodista italiano y famoso por no esconder su amor por el Milan, explotó en directo cuando su equipo encajó el gol del empate ante el Benevento; “Bergona, Bergona”, rezaba Crudeli.
El verano pasado Pippo tomó el puesto vacante en el banquillo del Benevento y llegó a intentar lo que el conjunto de las brujas no pudo la temporada anterior: volver a Serie A. En este momento su squadra marcha invicta, líder en solitario de la Serie B. Su línea defensiva es unas de las mejores de Italia si tenemos en cuenta la Serie A y la Serie B: solo tres tantos en contra. Su equipo es un mix de juventud y experiencia que le han garantizado la estabilidad necesaria. Incluso exhibe un llamativo dato, que pone el equipo de Súper Pippo a la altura de los grandes de Europa, y es que en lo que va de temporada el conjunto giallorossi jamás se ha visto debajo en el marcador.
Oreste Vigorito, presidente del club, dijo: “La plantilla está fascinada con la figura de Inzaghi, no solo por el recuerdo que tienen de el cómo jugador, sino porque ha logrado transmitir su personalidad. Tiene una gran humildad, como si aún tuviera algo que demostrar en esta nueva vida”. Allí en la Serie B, en donde trabaja sin presión y las expectativas por lo que fue como jugador solo suman y no restan, quizás Súper Pippo haya encontrado su lugar. El banquillo del Benevento constituye hoy lo mismo que el área de 16,5 metros en su carrera: su espacio preferido. Y como los grandes goleadores, Pippo sigue aprovechando su oportunidad.