Moneyball in Red

A BALÓN PARADO
La columna de Alejandro Céspedes Morejón

El fútbol es como la vida, golpeas bien la pelota y no siempre es gol.

Hace unos días Klayton Kershaw tuvo otra salida terrible en la post temporada frente a los Nacionales de Washington, que a la postre influyó en que los Dodgers quedaran fuera de la carrera por la Serie Mundial, tras otra temporada regular arrasadora en la que Klayton volvió a ser fundamental en la agotadora guerra por clasificar a los playoffs.

Dave Robert es el blanco de todas las críticas por lo sucedido, pues es un secreto a voces que Kershaw en playoff es un pitcher con un rendimiento desconfiable. No obstante, el mánager de los Dodgers hizo uso de él porque así le impusieron desde el centro de análisis del equipo, según las declaraciones de los directivos angelinos ante el bombardeo de críticas de la prensa y aficionados que se llevó el director.

Y es que el béisbol es pionero en el desarrollo de los centros de análisis de datos para mejorar el rendimiento de los equipos a través de la sabermetría. Un sistema de procesamiento de estadísticas que otros deportes en Estados Unidos ya usan con gran eficiencia y que fuera del territorio norteño ha sido asimilado con gran eficiencia por el fútbol.

Mediante las diferentes cadenas de televisión, donde destacan las transmisiones de SkySport para la Premier League, los aficionados gozan de una amplia gama de gráficos estadísticos de los jugadores durante los partidos para intentar interpretar el rendimiento de los futbolistas. Y escribo «intentar», porque toda la ciencia matemática e inteligencia artificial no es capaz aún de procesar la variable: subjetividad.

El Liverpool es el equipo que ha llevado la vanguardia de la sabermetría en el fútbol europeo. Desde los tiempos de Rafa Benítez, ya eran motivo de debate entre conservadores y revolucionarios, las decisiones de fichajes y alineaciones del equipo rojo de Merseyside, basadas en horas de análisis de videos y estadísticas acumuladas por el equipo de trabajo del técnico español en una pequeña oficina de las instalaciones «red».

Pero a pesar de ganar una Champions League, una Supercopa de Europa, una FA Cup y una Community Shield, la desconexión entre los métodos del entrenador y la gerencia eran total, por lo que en mutuo acuerdo rompieron relaciones y Rafa se fue al Inter de Milan y al Chelsea a ganar un Mundial de Clubes y una Europa League respectivamente, mientras los dueños estadounidenses George Gillett y Tom Hicks tuvieron que licitar el club.

A pesar de que los empresarios de Norteamérica son desconfiados de invertir en un deporte sin topes salariales, en la bahía revuelta de Liverpool llegó a pescar otro norteamericano, Tom Werner, uno de los propietarios de Fenway Sport Group, los mismos que estuvieron detrás de Teo Epstein y Terry Francona para exorcizar a los Medias Rojas de Boston de «La Maldición del Bambino», con la fórmula mejorada del «Moneyball». Esa que hizo historia con Billy Beans en los Atléticos de Oakland en la MLB.

Dicen que los Yankees son unos enamorados del «baseball» y el «football» porque son deportes de anticipación, pues en la vida como en los negocios, cada paso es planeado; por lo que conociendo que los de Anfield ya habían tenido buenas experiencias con el análisis estadístico, no es descabellado pensar que Werner llevara a la Premier League su filosofía sabermétrica.

Hace unos días Peter Moore, un nativo de Liverpool y leyenda del marketing en Estados Unidos, ofreció una entrevista en la que desentrañó algunos secretos de su gestión como CEO del equipo inglés desde 2017. Entre los que se destaca que se decidieron a contratar a Jürgen Klopp tras recibir un informe del doctor en ciencias deportivas, Ian Graham, sin haber visto un solo partido del Borussia Dortmund, solo analizando estadísticas. Lo mismo que el fichaje de Salah, el cual fue elegido por sobre otros tras el cómputo estadístico.

Dice Moore que el triunfo en la Champions League no fue por «obra y gracia» de la sabermetría, pues el tradicional mundo analógico es la clave para colocar efectivamente la variable «improvisación» que da el último y vital código del éxito. La filosofía de «pasa la pelota y muévete para ofrecerte a un compañero» del izquierdista Bill Shankly, y llevada al campo por el irreverente Klopp, hacen que el trabajo en equipo sea poesía en movimiento, según Peter. Algo que recuerda una premisa de otro genio de los banquillos, Pep Guardiola, al decir que no vale mucho el entramado táctico creado por horas de análisis por un entrenador cuando jugadores como Messi, Neymar o De Bruyne toman la pelota en sus pies.

Debe ser la misma variable discordante en la fórmula sabermétrica que no saben resolver los miembros del equipo de análisis de los Dodgers para el vilipendiado Dave Robert. Pues aún Klayton Kershaw no es Curt Schilling, ni Cody Bellinger David Ortiz.

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