LAS COSAS DEL FÚTBOL
La columna de Lorenzo Martínez Gener
Desde que tengo uso de razón el fútbol envuelve casi la totalidad de mis momentos más gratos. El romanticismo del juego de antaño fue erigiendo el concepto que tengo sobre este bendito deporte. Las cosas del fútbol no tienen épocas. Los grandes jugadores, los equipos ganadores y los partidos vibrantes trascienden en el tiempo perdurando hasta la eternidad, con un nivel de idolatría digno de los profetas divinos o los dioses de la Antigua Grecia.
Nuestras vidas están marcadas inevitablemente por los recuerdos que nos han dejado ciertas fechas significativas. En la mía, el mes de junio siempre ha sido un tobogán de emociones y sentimientos encontrados, un espacio de tiempo en el que he vivido felicidad y tristeza a partes iguales.
El sexto mes del año ha hecho más fuertes los lazos que me unen a mis dos grandes pasiones: mi familia y el fútbol. Por una parte, cada 22 de junio constituye una muestra de amor incondicional ya que celebro el cumpleaños de mi esposa junto a nuestra bella hija, el fruto de nuestra pasión. Pero por otra, el 24 de junio es el día más funesto y desgarrador de mi existencia pues en el año 2002 viví de cerca -durante la madrugada del mismo día- la muerte de mi padre.
En cuanto al fútbol, hace mucho tiempo inicié un galanteo por la Liga Española que me llevó a simpatizar con su fútbol y a apoyar a la “Furia Roja” en su participación en las citas internacionales (a pesar de ser hincha de Brasil desde pequeño). Así fue como empezó este huracán de emociones encontradas en el mes de junio, pues parece mentira que haya una fecha tan unida a la historia reciente del fútbol español tan negativa como el 22 de junio. Nada más y nada menos que tres de las eliminaciones de la selección en los últimos 22 años, en dos Mundiales y una Eurocopa, han llegado un fatídico 22 de junio y todas ellas en la tanda de los penaltis.
La historia comenzó en el mundial de 1986, en cuartos de final ante Bélgica, después de un abrazo a un gol en el tiempo reglamentario, en la tanda de penales Jean-Marie Pfaff detuvo el lanzamiento del sportinguista Eloy Olalla, obligando así a hacer las maletas y regresar a casa a los ibéricos. Diez años después en la Eurocopa de Inglaterra, otra vez en la instancia de cuartos de final enfrentando a los anfitriones y como no podía ser de otra forma siendo 22 de junio, el partido se decidió en los lanzamientos de penales. Y con la maldición que persigue a los grandes jugadores en esta ocasión les tocó a Hierro y Nadal ser los villanos.
La desgracia se trasladaría hasta el 2002 en el Mundial de Corea y Japón. En esta oportunidad ya seguía a la selección y me pegué un madrugón aquel 22 de junio para ver el Corea del Sur vs España, donde creía que al fin terminaría la maldición y vería a la selección de la madre patria en semifinales. Todo iba bien hasta que se sufrió la actuación de Gamal Al Ghandour, colegiado egipcio, que fue uno de los responsables de que el encuentro terminara en los penaltis. La historia se volvía a reescribir, en esta ocasión a quien le tocó fallar la pena máxima fue al bético Joaquín, un jugador por el que tengo un respeto enorme pues ha hecho una carrera deportiva digna de admirar. Gracias a Dios esta decepción de España pude compensarla con la victoria de Brasil ante Alemania en la final, que aunque no pude disfrutarla como hubiese querido ya que hacía solamente seis días había perdido físicamente a mi papá, debo reconocer que fue el único motivo que hizo que saliera de casa a compartir con mis amigos.
En el 2009 el mes de Junio me volvería a jugar una mala pasada, fue en la Copa Confederaciones de Sudáfrica donde presencié como el día 24 la España Campeona de Europa y una de las favoritas, sucumbía ante el elenco de USA por dos goles a cero. Y mayor sería mi sorpresa cuando cuatro días después veía como mi Brasil se iba al descanso en el medio tiempo con una derrota parcial frente a los norteamericanos quienes se habían puesto por delante en el primer cuarto de hora gracias a los goles de Dempsey y Donovan. Pero gracias a la charla técnica de Dunga o mis plegarias a Dios (tal vez las dos), en la segunda mitad una actuación destacada del delantero Luis Fabiano con dos goles y Lucio remontaron el marcador a favor de los sudamericanos para quedarse con el triunfo, y yo con mi felicidad intacta.
Pues así es la vida de aquellos que decidimos amar y seguir bajo cualquier sacrificio a este hermoso deporte que no deja indiferente a nadie y tiene millones de seguidores en el mundo. Cuando la vida nos quita algo o nos maltrata con sus azares, siempre está el fútbol como bálsamo analgésico para calmar esos sinsabores, pero también funciona de manera inversa, cuando el fútbol nos deja sin esperanzas y nos trae en horas bajas, siempre aparece un motivo en nuestras vidas para continuar sonriendo. Por eso para mi Junio es un mes complicado y lo vivo como una moneda de dos caras, eso sí nunca dejando que la cruz sea mi elección definitiva.
