TOQUE CORTO
La columna de José Eduardo Borrego Zaldivar
Los viejos recuerdos, como el vino, terminan regresando. Los dolorosos pueden ser bloqueados o perseguirnos toda la vida. Aquellos más felices, los apreciamos y volvemos a ellos continuamente, y así como el vino terminan siendo mejores con el paso de los años. Sea como sea, al final el tiempo y la memoria los ubica en el lugar indicado. Para cualquier hincha, esto puede ser incluso más recurrente, quizás por aquello que dice que el fútbol no olvida y que suele vivirse diferente. Una derrota es un registro amargo, pero cualquier victoria puede sacarnos una sonrisa.
La Italia ganadora en Alemania 2006 no ha sabido sino dividir a los conocidos en el fútbol entre los que la amaron y la aman, y aquellos que la detestaron y continúan despreciándola. Siempre me he preguntado si acaso todo este “odio” –mejor llamémoslo menosprecio- fue el resultado de ser culpables por ganarle a una Francia que venía de arrasar y llegaba como clara favorita al título.
Pero sucede que a veces a la distancia la gente tiende a olvidar cosas; y obvian como Gli Azurri se midieron en la semifinal, sin complejos, a los teutones en un partido increíblemente intenso, que iba a definirse con la épica, justo en los minutos finales de la prórroga. No era el fútbol más vistoso, para nada; para eso estaban a los brasileiros con su jogo bonito. Era pragmatismo puro y duro: todo partía de una muy buena línea defensiva y un estilo de juego muy estructurado; sin despreciar la calidad en la medular y la delantera.
El éxito –naturalmente- otorga una protección temporal ante las críticas, pero llegada la hora “0” es necesario refrendar el apoyo otorgado. En 2010 terminaba la era Lippi con un desenlace más bien abrupto: lo que aparentaba ser un grupo «apetecible», resultó en una verdadera pesadilla.
En contra de muchos pronósticos y con un fútbol ofensivo, la squadra de Cesare Prandelli –una suerte de mezcla experiencia y juventud- logró llegar a la final de la Euro 2012, solo para ser vapuleados por la Furia Roja. El mismo proyecto saldría por detrás en la Copa Confederaciones 2013 y, de manera estrepitosa vio como su travesía en Brasil 2014 era frustrada estrepitosamente al quedarse –otra vez – en la fase de grupos.
Para la Euro 2016 el equipo sería dirigido por Antonio Conte, y como en la anterior edición el equipo nuevamente mostró un fútbol de ataque; aunque esto no les alcanzaría para pasar de cuartos, donde caerían en penales frente a los alemanes, luego de eliminar a los campeones defensores ibéricos.
Sin embargo, el golpe más duro fue aquella fría noche de diciembre de 2017 cuando eran dejados fuera de la cita de Rusia 2018, a manos de una recia Suecia. La Azurra de Giampiero Ventura perdonó todo lo que no podía y lo pagó al final de los 180 minutos del repechaje. Nadie podía creerlo, seguramente muchísimo menos los miles de tifosi que viajaron a Milán para ver una remontada que nunca llegó. Esa noche todo un país lloró. Las lágrimas de Gigi todavía arrugan mi corazón.
Nuevamente y de manera traumática, la Nazionale deja escapar otra más de las generaciones post-Alemania 2006. Luego de la corona mundialista han ido, competición tras competición, diluyéndose entre los fracasos y logros insulsos. No debe ser nada fácil para la hinchada azurri; pues valga la infinita cantera que es el Calcio, de donde solo saben nacer grandes talentos. Algunos ya consolidados como Verratti, Insigne o Immobile y otros que dan sus primeros pasos con la malla azul como Bernardeschi, Chiesa o Barella.
Roberto Mancini tampoco lo tenía fácil cuando aceptó el cargo de seleccionador, pues la mochila es pesada y la pendiente, pronunciada. Si bien es demasiado pronto para críticas definitivas, por lo pronto ha logrado clasificar a la Euro 2020 con un estilo equilibrado, propio de un entrenador que conoce a fondo las fortalezas y debilidades de su grupo. Una plantilla renovada, aunque construida alrededor de hombres arraigados como Bonucci, Verratti o Jorginho, en los últimos meses se han afianzado jóvenes talentos Nicolo Barella o Federico Chiesa. A poco más de un año de gestión y salvo contadas excepciones, Mancini ha confirmado –fuera de su núcleo duro- una imprevisibilidad en las listas siendo llamado quien esté en forma con su club.
Dado el historial reciente, es lógico pensar que es precoz dar un veredicto, mucho más un pronóstico para la próxima Euro. Pero quiero ser atrevido y lanzarme al agua, y decir que esta Azurri –aunque igual que otros años- tiene calidad suficiente o más –por qué no- para sobrecumplir cualquier posibilidad, pero sobre todo el sentimiento irredento de resarcir las continuas malas actuaciones del pasado reciente. Aquellos tiempos, para algunos cuasi mitológicos, de los Tottis, Buffones, Maldinis y Pirlos; han de ser ubicados allá donde pertenecen, el pasado; y otorgar a la nueva generación –de una vez y por todas- la confianza necesaria para competir a la altura de las expectativas.