El expropietario de los Orlando Magic Richard DeVos una vez dijo: «La única cosa que se interpone entre un hombre y lo que quiere de la vida es a menudo simplemente la voluntad de intentarlo y la fe para creer que es posible», una frase que skidrow-reloaded resuma la vida de Franck Ribéry, una historia personal de un futbolista top muy poco conocida y sin dudas digna de ser contada. De no conocer el novelesco camino de este hombre, quizás solo me quedaría con aquello de Scarface, del magnífico jugador de fútbol iracundo y con su característica cicatriz en el rostro.
El destino desde un inicio puso a Franck a prueba prácticamente en cuanto abrió sus ojos puesto que fue abandonado por sus padres en un convento de monjas. Con dos años de edad sufrió un accidente automovilístico del que saldría vivo, mas no ileso: necesitaría más de cien puntos en su cara. Para los otros niños del convento Franck era el monstruo de ese local, lo apodaban Quasimodo. Angustiado por el bullying que recibía, se ocultaba en un rincón y lloraba desconsolado. Solo él conocía de su gran talento para jugar con el balón, una suerte de abstracción y válvula de escape a todas las penurias sufridas.

En la adolescencia es expulsado del convento por indisciplinas, aunque Franck prefería ganarse la vida en el peligro de las calles con tal de seguir jugando al fútbol. Las cosas nunca fueron fáciles para él, alternaba los partidos en el equipo del vecindario con su oficio de albañil. Poco a poco fue creciendo como jugador, y luego de pasar por varios equipos franceses, logró llamar la atención y fue fichado en enero de 2004 por el Galatasaray. Sus problemas de conducta eran continuaban, hasta que conoció a Wahiba Belhami, quien hasta el día de hoy es su esposa a quién conoce desde sus años más difíciles y por la cual se convirtió al islam.
Ribéry no deja de mencionar que sus cicatrices forjaron su personalidad y gracias a ellas es el hombre que es hoy en día. Que sus experiencias de años anteriores lo ayudaron a ser emocionalmente fuerte, otorgándole un plus psicológico que le ha servido para ser uno de los mejores jugadores de su época e incluso galardonado como mejor jugador de la UEFA en una ocasión.
Hoy Franck da sus últimos pasos, ahora en la A jugando para la Fiorentina. Su ejemplo de superación nos recuerda que detrás de cada rostro de los 22 actores que conforman esa bellísima obra de teatro que es el fútbol, hay una historia forjada a base de esfuerzo, dolor y ganas por salir adelante.
Tremenda su historia
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