Fútbol cubano: el querer no es poder.

A BALÓN PARADO, la columna de Alejandro Céspedes Morejón

Fútbol cubano: el querer no es poder. A no ser que su opinión sea forzada por algún interés, solo un porciento fácilmente discriminable de la población futbolera no es esclavo de sus emociones a la hora de tomar decisiones sobre determinado tema.

Sin tocar otras zonas filosóficas, este dilema solo es resuelto por quienes comprenden que antes de ganar, hay que competir. Y antes de competir, interpretar las limitaciones y fortalezas, y comprender que el esfuerzo es rector cuando el talento está ausente. Manejando estos preceptos se me hace fácil entender porque la selección de Cuba cuenta sus partidos de primer nivel en CONCACAF por derrotas, su aliciente es evitar goleadas históricas y su esperanza es una añoranza de ultramar.

A pesar de la pintoresca historia del fútbol cubano, la actualidad bochornosa contrasta con el crecimiento histérico de este deporte entre los aficionados isleños, los mismos que en muchas ocasiones apresuran sus “conclusiones de gradas” ante las aventuras del seleccionado nacional, y a pesar de no estar del todo equivocados, sacan un arsenal de tarjetas amarillas a las personas destinadas a dirigir el más universal de los deportes en esta isla caribeña. Hay razones más que suficientes.

El 95% del fútbol que se consume en Cuba llega a través de la televisión. Y mientras hago uso de un número porcentual sin una estadística oficial – igual creo que me quedo corto- compruebo que ni los aficionados, técnicos o jugadores pueden comparar correctamente el nivel futbolero que consumen, con el que tienen y al que pueden aspirar.

Mientras por Inglaterra apuntan estadísticas sobre el avileño Onel Hernández, el primer cubano en anotar un gol en la Premier League, el actual seleccionador nacional cubano, Pablo Elier Sánchez, se estresa buscando una alternativa que le permita competir con el equipo joven y renovado que puede reunir. Equipo donde la mayoría de los jugadores son incapaces de controlar y conducir correctamente un balón bajo la exigencia de velocidad y presión en un terreno, como demanda una competición con rivales como el canadiense Alfonso Davis del Bayer München o el estadounidense Christian Pulisic del Chelsea.

Muchos piden que juegue retrasado buscando los contragolpes para evitar goleadas, pero este sistema se hace ineficiente cuando terminas defendiendo por acumulación y no por organización, pues sus jugadores no saben cómo colocarse, hacer coberturas o salir jugando con el balón controlado.

Algunos creen que la plena solución para una mejor selección cubana es convocar a los llamados «legionarios», quienes como Onel juegan en ligas de mayor nivel, obviando que esos futbolistas vienen con conceptos y preparación física totalmente distintas a la que se maneja en Cuba por jugadores y entrenadores que tendrán en la selección. Un nivel al que deberíamos, y pudiéramos aspirar paulatinamente, si continuamente las aspiraciones no fuesen torpedeadas por los federativos.

Escribió José Martí una vez: «Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea…» Por estos parajes futbolísticos, los partidos los deberíamos analizar como si estuviéramos desde el VAR, pero las conclusiones bien ser parecen analizadas en un BAR cuando le pedimos a nuestros futbolistas más de lo que pueden dar.

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